lunes, 28 de abril de 2008

No lo entiendo...

De vuelta, en el autobús, estuve pensando en si era posible. No, no lo era entonces, no lo es todavía. Y quedan preguntas sin responder, preguntas que a día de hoy parecen imposibles de responder.
¿Por qué algo en vez de nada? La pregunta me causaba una repulsa inmediata, era oirla y desconectar mi atención. No podía entender por qué plantearse una pregunta que no solo está condenada a quedar sin respuesta, sino que además solo puede estar fundada en alguna consideración metafísica que ha perdido contacto con la realidad. Pues ahora me la planteo. La primera parte de mi queja no tiene contestación: sí, es inútil y una pérdida de tiempo. La segunda en cambio sí puede ser contestada.
Una vez que entiendes que estás en un mundo que te precede y que seguirá su curso inmutable tras mi existencia, te preguntas: ¿y de dónde viene y a dónde va? Efectivamente es la pregunta clásica de la física, incontestada y lo que es peor incontestable a mi jucio. Estamos en un mundo temporal, por mucho que físicos hayan postulado que el tiempo es una noción que "nace" de nosotros, el mundo está sometido al espacio y el tiempo: está en algún lugar y por algún tiempo. La pregunta no debe, sin embargo, ser desdechada por estéril y abstracta. Recapitulemos: 1) vivimos en un mundo, inserto a su vez en un universo, inserto a su vez en x, inserto a su vez etc. etc. 2) esta totalidad tuvo su principio en el big bang, pero el big bang tuvo que venir de algo, y ese algo de algo etc. etc. Podemos entender un mundo finito en expansión... yo no, no tengo problemas con la expansión, pero sí con la idea de finitud porque ¿qué hay "alrededor" de la finitud?
Recapitulemos de nuevo: no somos capaces de entender una totalidad reglado a las leyes del espacio y el tiempo. El problema es que los humanos solo pueden existir en el espacio y el tiempo. Entonces, un humano, al pensar en el universo como totalidad llega al problema de: ¿dónde está su principio y su fin, dónde están sus límites espaciales?
Ahora estamos aquí, vivos temporalmente en un universo que nos trasciende. Este universo existe pues, pero... ¿por qué existe?
Es una pregunta estéril el porqué algo en vez de nada. Sin embargo sería interesante investigar el orígen de esta pregunta. Hemos partido de que la no existencia existe, o es una posibilidad al menos. ¿Deslegitima esto la pregunta? Perdón por lo confuso, he intentado transcribir mis pensamientos en el viaje de vuelta del basket. Por inexplicable me resultó razonable una solución divina, sin embargo más pardójico me pareció después la posiblidad de la divinidad: soy humano y como tal me resulta imposible imaginar una existencia fuera del espacio y el tiempo. Una cosa está clara, todo es muy curioso.

domingo, 27 de abril de 2008

jueves, 24 de abril de 2008

Reflexiones

Toma aire con la nariz, concéntrate en llenar tus pulmones con todo el aire que puedas, aguántalo un segundo, dos, y expúlsalo lentamente. Ahora cierra los ojos con cuidado, tómate el cuerpo en serio. Imagina ahora que tienes un cuerpo de porcelana y que todas las funciones que hacemos de forma inconsciente necesiten ahora de nuestra tutela. Bien, cierra los ojos con cuidado, no dejes que tiemblen, pesan, haz que pesen. Con los ojos cerrados, los brazos caídos, la columna erguida y orgullosa, los músculos relajados y la mente en blanco, respira y presta atención.
Hay varias cosas que he pensado y no creo haber oído lo suficiente: a) los mapas y las imágenes del meteosat son irreales, b) cuando escuchamos la palabra "Tierra" vemos una esfera de mar y tierra tapado por nubes, en medio de un universo negro/azul oscuro inmenso, girando lentamente, irreal también, c) nuestra vida se ha de vivir no de contar, a menudo dudo y lo paso mal por pensar que estoy desaprovechando mi vida. Ningún momento se congelará, ningún momento puede ser tal sin tener un futuro por delante. d) Si tienes la sensación se saber qué hacer en determinados momentos pero no sabes muy bien porqué, sigue tu instinto y mata tu afán racionalizador. e) La importancia nos la damos los unos a los otros y deberíamos vivir por ello para los demás.
La incertidumbre es el motor más eficiente y potente para la humanidad como conjunto y como todo formado por cada uno de nosotros, seres vivos que nos hacemos llamar humanos.
Renunciar a la escritura o a cualquier otra forma de dejar constancia me haría, probablemente, una persona más feliz, simple (en el buen sentido) y pura, pero si me preguntasen: ¿qué es lo último a lo que renunciarías en este mundo? tendría que responder: la escritura. Quizás la clave para poder entender a Savater en Babelia sea esa. A lo mejor mi parte más puramente humana, y no en el sentido de humanitaria, sino en el sentido de: característico de lo humano, sea mi afán absurdo de escribir. No dudo que haya motivos y razones en el reconocimiento ajeno, satisfacción personal y demás valores sociales, pero la naturaleza humana tiene atributos divinos que no podemos desestructuralizar mediante la razón y tristemente estos atributos antes nos atormentan que facilitan la existencia, pero nosotros no simplemente existimos, dejamos constancia de nuestra existencia. ¿Qué si no son la memoria, la historia, la escritura, la pintura, el arte en general, la mirada a las estrellas en particular? La humanidad entre lo animal y lo trascendental, condenado a la intranquilidad de estar entre dos mundos. Siempre y para siempre entre dos mundos.

sábado, 19 de abril de 2008

Confesiones.

¡Arjh! ¿No tiemblas ni un poquito? Todos los días, a todas horas, Quique nos acompañaba en nuestro amor veraniego, y ahora... ¿no tiemblas ni un poquito? La impotencia solo era superable con una humillación superior. Llegó, en forma de un vanidoso activista monárquico, en forma del más engreído cretino que anda suelto. ¡Y no lo ves! Lo sé, nada hay que añadir a lo pasado, he aprendido a convivir con ello, pero no soporto verte arrastrada sin resistencia hacia los pies de quien no te merece.
Dime, aunque te lo pida yo, alguna cosa bonita más, me harías feliz ¿sabes?
Antequera, en todo el concierto Antequera me perseguía, como si de un fantasma intuitivo se tratara, ahora sé que he de ir, que he de volver. Quizás algún día me digas: "¿puedes hacer que vuelva?" Nada me haría más feliz, nada sería más imposible. Nada me haría más especial que ser inalcanzable, independientemente de que quiera serlo. A independizarse al piso de enfrente. Tú misma, no es tan emocionante, te lo aseguro. A la vuelta, hablaremos de ello si quieres. Nada me haría más ilusión que compartirte junto a tu soledad algun ratito. Quiero que pienses en mí de vez en cuando, no soy capaz de evitarlo, no soy capaz de cambiar mis quereres, por supuesto sí de luchar contra ellos.
¿Por qué no cambias? Porque no puedes, lo sé. Sé que lo intentas, y sé que te quiero. Aunque me joda que asi sea, aunque me joda que no pueda cambiarlo. Algún día me despertaré con otras ilusiones, hoy me conformo con esta: seré importante para alguien en algun momento.
¿Cuándo dejaste de empatizar? ¿Cuándo decidiste que tu coraza fuera el ignorar? Duele saber que tu sufrimiento es indiferente. Ya está, todo está dicho, ha vuelto mi diario por un día. Mi blog había dejado de ser confidente, hoy lo ha sido de nuevo. A nadie le gustará comprobar que la verdad puede ser triste, a nadie le alegrará esta entrada, pero sed conscientes que al primero que le jode escribir lo escrito es a mí. Hoy sí. Me siento impotente. Ciao.

jueves, 17 de abril de 2008

Carta a Savater.

Admirado profesor:
Está de enhorabuena, le pido que ejerza unos momentos de Dios. Sí, yo en su lugar también dudaría de una carta que empezara así, sin embargo le pido una oportunidad. Depende de usted considerarlo alivio o fastidio pero he de decirle que no voy a poder otorgarle la eternidad como todo Dios que se precie. De hecho, le pido que ejerza de Dios mortal, es decir: no solo no podrá disfrutar de la parte chula de la divinidad sino encima ha de cargar con su trabajo. Es cierto, quizás no esté tan de enhorabuena... bueno, al grano.
Tengo una pregunta para usted. Valga como prólogo lo que sigue.
Hace unas semanas, quizás hace solo una, leí una entrevista que le hicieron a usted y a Eduardo Mendoza. Bueno, más que una entrevista fué una conversación entre amigos espiada por un periodista curioso. La entrevista me gustó, la leí con alegría y complicidad, estaba de acuerdo, me parecía estar leyendo una queja alegre, alimentada constantemente por el humor; y quién sabe, a lo mejor el humor es precisamente eso: una queja alegre. Cómplice pues, voy leyendo con interés la entrevista y llego hasta el final, el "curioso" pregunta: "Pomponio Flato busca una fuente que da vida pero quita inteligencia. ¿Ustedes qué elegirían?" Y volveis a coincidir, a ser cómplices: conocimiento, ¡winer!, felicidad, loser.
Entre el conocimiento y la felicidad: conocimiento. "Porque si no la vida no te la crees." Y por fin mi pregunta: ¿por qué?
Esa es la pregunta fundamental pero aún me queda una más, ¿se puede ser Pomponio Flato?

16 de Abril.

Tengo que recordar ese día. Igual que recuerdo mejor que mi cumpleaños el 1 de Noviembre, el 16 de Abril del 2008 lo tendré que estampar en mi cerebro. Este día que para mí sigue siendo hoy, he disfrutado de Savater, disfrutado como nunca antes lo he hecho en mi vida. Si soy sincero no puedo siquiera decir que haya salido de su despacho con una "verdad" nueva o un mensaje clave. Simplemente, no sé si de manera consciente, nos ha invitado al disfrute y a vivir. Nada nuevo diréis algunos, quizás, nada nuevo, pero la impresión y su retórica me han hecho muy felices hoy y espero que dure.
Prometí, me prometí mejor dicho, cortarme el pelo de forma drástica en algún momento ferozmente entusiasta. Hoy ha sido el día. Esteticamente he vuelto a una imágen más infantil, incluso diría que he dado un paso atrás, pero animicamente sienta bien, no solo es quitarse un peso de encima, es sentirse más libre.
Por lo demás, a escasos 500 metros de mi casa, el Valencia ha ganado la copa del rey. Me alegro, Koeman se lo merecía.
Volviendo a lo de antes, quizás si haya aprendido algo: "el sentido es una gran farsa". A parte de recoger algunas perlas inolvidables: "No tememos tanto el morir como el dejar de estar vivos", "la diferencia entre una persona culta y una que no lo es, es que la persona culta necesita gastarse mucho menos dinero para divertirse en un fin de semana"... etc.
Esta experiencia me ha dado una idea: hacer una lista de personas que quiero conocer e ir tachando nombres.
De momento es ya tarde, mañana empieza un nuevo día. Me encanta saber que me quedan muchos años de vida por delante. ¡A disfrutar!

martes, 15 de abril de 2008

El sueño del perdedor.

Todo el sueño es una pesadilla lúdica.
Él, de negro, se difumina entre el humo y su gabardina, a veces, una cara amarilla deja ver ojos naranja fuego que arden pacientes en un oasis de odio. La víctima, desesperadamente triste huye de una muerte que no quiere evitar. Todo es un gran juego: la ansiedad, la violencia y la astucia ingredientes de una magistral persecución del asesino drogado a su trabajo y la víctima, deprimida y triste, miedosa y angustiada.
Entre edificios de ladrillos rojos, parques iluminados por farolas amarillas, canales por la luna, dos personajes luchan, uno por su vida el otro por su sentido. Y sí, hay vencedores y vencidos. La víctima no es más que una cara trágica que aparece y desaparece como un fantasma, agobiado no puede más y a punto está de darse por vencido pero el miedo le gana y le hace seguir corriendo y corriendo hacia el final que le persigue a su espalda. De fondo, como una mosca cojonera, siempre estático e indiferente la persona respetable lee los periódicos en el banco del parque viendo con fingida amargura el caos y el desastre del mundo. Observador impasible, rol vicioso de las personas formales. Mira sin inquietarse la escena representada. Ni una mueca, ni un estremecimiento, solo curiosidad morbosa, traducida luego a dilemas morales.
Finalmente, rendido y atrapado la víctima cede y de rodillas espera la sentencia final, un rifle ultra-moderno con silenciador incorporado da una muerte justa al pobre infeliz. La emoción se traduce en euforia sádica en el asesino, nada hay ya del cadáver que se desangra en el suelo y de fondo, de espaldas a mí, el señor con sombrero y pipa dobla su periódico mientras se levanta con un respiro profundo y melancólico, "a donde hemos llegado...".
No hay obsesión más persistente que ser el orgulloso asesino de aquel buen hombre. No soy capaz de soportar a ese ser impasible ante la tragedia y que sin embargo, se queja lastimosamente de ella. ¿Tendré esa suerte, podré matar mi más odiado personaje? ¿Tendré esa suerte...?
La pregunta le obsesionaba, el sueño también. Ángel estaba harto de si mismo, si algo temía era convertirse en su odiado enemigo. Nada más real que el sufrimiento, nada más irreal que la angustia. Él no podía evitarlo, de alguna forma había nacido así, de otra mucho mas curiosa odiaba su naturaleza. Ese hombre pacífico, triste, quejica y pasivo por naturaleza intentaba ser el villano justiciero, enérgico y optimista; el hombre de acción que nunca podría ser. Pero, ¿y su sueño, era de veras tan irreal como aparentaba? Eso dependía de él, y lo sabía.

domingo, 13 de abril de 2008

¿Un Dios suicida?

Vivo pendiente de una obsesión. Inquietante y esterilizadora. Ya la conoceis, no hacen falta detalles. Mi tema ahora y hoy es otro, ¿cómo vivir con esa obsesión?
¿Que todo tiene fin implica que nada valga la pena?
El amor, nos recreamos en él, le dedicamos nuestra vida y... ¿alguien puede negar que se acabará? o mejor aún, ¿alguién puede decir que no vale la pena?
La conclusión parece fácil, su ejecución no tanto. Nuestra vida orientada hacia la vida, las personas, los sentimientos, placer y dolor, inevitablemente ligados, vida y muerte, también. Me vuelvo repetitivo, lo sé. Las últimas entradas no son más que divagaciones sobre la vida y la muerte, inútiles y redentoras. Ahora... soy incapaz de dirigirme, mi corazón tiene cierta autonomía y está bien que así sea, solo espero que acabe ya su protesta, su venganza auto-destructiva.
Me dijeron que Laura estaba en todo el blog, y quién sabe, a lo mejor es así. Os puedo prometer que más me dolió y me duele mis miedos irracionales que mi dolor sentimental; mi fracaso como persona no es comparable a mi humillación como Dios.
¿Por qué Dios, por qué esa arrogancia de llamarse a uno Dios? No es arrogancia, en mi más profundo y velado sentir me creo inmortal y por tanto... Dios. De hecho, todo es tan alucinantemente incomprensible que a veces me surge la duda, ¿qué me asegura la no existencia de un ser divino que haya posibilitado todo esto?
Yo también creí ser ateo convencido, pero quizás necesite negar mis creencias para poder respirar y disfrutar de esta vida fugaz.
¡A los veinte años! Angustiado y obsesionado. Estoy un poco harto de mí, también lo dije e insisto, harto de estar harto también. Bucles infinitos, re-reflexiones. Mejor me pongo a hacer flexiones, comprar ropa, ordenar mi cuarto, organizar mis vacaciones, organizar mi vino, regalar lo prometido, cumplir y actuar. Quizás sí, quizás deba ser humilde de una vez por todas, abandonar mi locura divina humillada por la muerte y ser mortal, porque quién sabe, quizás solo un mortal puede ser feliz, quizás solo un mortal quiera vivir. Quizás el mayor anhelo de Dios es el suicidio. En algo le tendríamos que ganar ¿no? [No me voy a suicidar, tranquilos]

jueves, 10 de abril de 2008

¿Te convenceré?

Cambiando el ejemplo. De cárcel, de cinta transportadorra hacia la muerte a otra cosa. Veréis, a veces padezco un sentimiento de claustrofobia horrible, pienso que estamos condenados a morir y que no podemos hacer nada por evitarlo. Ahora cambio el ejemplo, estamos en un paraiso con fecha de caducidad, depende de nosotros disfrutarlo o lamentarnos que se nos acabe.
Y la vida es un fin en si mismo, mortales con aspiraciones mortales. Siento no estar siempre de acuerdo conmigo mismo, me encantaría agarrar este sentir y que no me abandone nunca, imposible, lo sé. Nada más, sin ganas de gustar, solo disfrutando del paraiso. Ciao.

martes, 8 de abril de 2008

Curioso ¿no?

No me está resultando fácil comprender la vida. Estamos instalados en ella desde siempre y a priori no debería haber razón para la sorpresa, no conocemos otra cosa y nada nos debería ser más natural que ella. Sin embargo esto no es así. Por un lado un humano más entre tantos, por otro ese ser inmortal que todos alguna vez nos hemos creido. Solo conscientes de la vida llegamos a preguntarnos qué después o qué antes, ese choque entre subjetividad divina y objetividad humilladora nos desquicia y a menudo funda ese asombro. Por un lado arterias, músculos y huesos, por otro conciencia, sueños y deseos, se hace de verás difícil entender la relación de identidad entre ambos. Quizás sean solo preocupaciones mías y de unos pocos más, ahora mismo hablo desde la serenidad, sin angustia ni miedo, solo que consciente de su existencia y amenaza.
Enclaustrados en un mundo lleno de posibilidades, todo me resulta curioso. Quiero resucitar aquello que me hacía disfrutar sin necesidad de un porqué. Me voy a la cama que tengo sueño. Cuantas cosas en un solo año, sigo sin asimilarlo del todo pero ya vendrá, de momento: buenas noches.

jueves, 3 de abril de 2008

Sinceridad.

Este momento será superado. Ayer lo pasé mal, me entró un ataque de angustia horrible y me sentí impotente y deprimido. Juan me ayudó a salir: "la vela es un deporte divertido", ¿cómo no olvidarte de estupideces exsistencialistas? Me cuesta explicarle a alguien quien no ha vivido nada similar, qué es ese sentimiento. Cada uno está condenado a morir. Cada uno está atrapado sin remedio, no hay salida posible porque no hay nada más, y esto es muy difícil de aceptar. Quería escribirlo, por mundanizar un miedo que proviene de lo abstracto, del pensar. A simple vista no hay nada que nos induzca a pensar que vamos a morir. No corremos el riesgo de caer desplumados de golpe, morimos cuando ya decrépitos nuestro organismo no es capaz de respirar, o la sangre deja de regar al cuerpo o lo que sea, pero ahora mismo, no podemos morir. Bien es verdad que ese momento tendrá que llegar, y esta es la raíz del sufrimiento, no el dolor anterior a la muerte, sino su inevitabilidad.
A veces la gente, la generación, etc. sirve como un gran colchón; hablamos y debatimos sobre nuestros miedos y de alguna forma que no logro comprender nos tranquilizamos. Menos mal. Estoy a favor de virar el tema del pensar hacia la vida y no tanto a temas que no tienen respuesta y solo nos hunden un poquito más. Habrá placer en el dolor... ¿y qué? No me siento muy bien cuando sufro, hasta hace poco la frase la creía evidente, pero parece que no, quiero dejar de buscar el dolor, si eso conlleva seleccionar mi pensar que así sea, ¡hedonismo abrázame!.