jueves, 29 de noviembre de 2007

Hoy no.

Complicado de explicar el horrible dolor que sufro. ¿Cómo se debería sentir uno cuando a diario vive la indiferencia de la persona amada? ¿Cómo se debería sentir uno cuándo no puede ya consolarse con una falsa esperanza? ¿Siente quizás un agrietamiento del corazón, una caída angustiosa hacia... ¿hacia la nada quizás??
No es fácil de llevar. Conviene olvidar, ser positivos e ignorar. Conviene, sí... pero no es posible engañarse sin traicionarse. Y no me gusta que me trate como a un desconocido que se dejó unos calcetines en su casa y que por casualidad tiene un camisa interior de su padre en casa. Y no soy capaz de soportar la indiferencia que provoco. Y siento soledad, impotencia y desolación. Y me odio por que ella me odia, la odio porque no me quiere, necesito el veneno, la droga, ¡la necesito joder! Odio, sufrimiento, impotencia, violencia, ya no me son ajenos. No sabeis lo insoportable que resulta ser contradictorio, querer a lo odiado, necesitar la fuente de tu dolor... el lenguaje no sirve para expresar lo cruel que soy conmigo mismo. ¿¡Donde está la piedad!? No puede ser que sabiendo el sufrimiento, el calvario por el que paso no muestre piedad, ¿me equivoqué tanto enamorándome de ella? Asqueroso. "El tiempo solo cura lo que no importa ya", imagínate que la frase es cierta... me resulta dificilmente creíble que me deje de importar en un futuro próximo. Un mes ha pasado, el noviembre negro del 2007. No por mostrarme indiferencia me vas a importar menos Laura, solo me causas dolor, asi que, por favor, si tienes piedad, abrázame, enséñame cómo se supera el sufrimiento, ¿how do I go on? Pregunto a la persona equivocada, quizas cuando aprenda a superarlo tenga que ejercer de profesor yo, quizás así tome venganza de mi dolor, suprimiendo el germen iniciador. A la mierda todo, pierde ya sentido, no sé de que modo el sentirse herido. No soy gran cosa como poeta, pero ahora mismo no creo que sea gran cosa en nada, asi que lo desgraciados lectores os jodeis y me tragais este mal trago. Soy muy aficcionado a perdir perdón, asi que ya si eso, en alguno otro momento... pero hoy no, hoy seguro que no. Adios.

martes, 6 de noviembre de 2007

... y de nuevo, pido perdón.

Mi padre me ha tratado siempre con mucha ternura y amor. Varias veces le hice una pregunta siempre difícil: "¿Qué digo cuando una chica me quiere y yo no a ella? Mi padre, con un tono de voz suave, tierno y conmovedor me decía: "simplemente di: a lo mejor yo te gusto más de lo que tú me gustas a mí". Sobre papel, y en español, no parece la frase más amable que se podría decir en una situación así, pero por aquel entonces, en holandés y con ese tono de voz tan cautivador resultaba enormemente tierno y acertadamente tajante. Solía terminar la conversación conmigo diciéndole "que fácil resulta decirlo ahora y qué difícil en el momento mismo", y con mi padre respondiendo con una risa sabia, emanando comprensión y diversión; esa risa reservada al reino de los padres, los cuales se maravillan de que sus hijos pasan por las mismas penurias que ellos pasaron en su adolescencia.
Curiosamente, por no sé qué fenómeno de mi educación, siempre pensé en esta frase como dicha por mí. Además, resulta vanidoso, pero no por vanidoso es menos cierto y sincero, yo nunca creí posible una ruptura sentimental estando yo enamorado, es decir, sin yo quererlo. Me creo, o al menos me creí, el novio perfecto, un tanto agobiante a veces pero poco más; mi ser tomó inconscientemente, a veces incluso conscientemente, buena nota de testimonios de mujer, vease mi madre y programas sensacionalistas feministas, en nada comparables por cierto, acerca de la pareja idílica. Buenas maneras, atención, puntualidad, regalos inesperados y disponibilidad. Así recitado parecen pautas a seguir sacadas de un libro asqueroso y absurdo que muy bien podría titularse: "¿cómo ser una buena pareja"? por Oprah. La sabiduría popular, sin embargo, defiere en la importancia de estas cosas, de estos detalles. "Más enseña una relación que diez años de universidad" es ejemplo de esta sabiduría, burda exageración diría uno, uno antes de tener de hecho una relación, no tan burda tras tenerla. La sabiduría popular es más sincera que la educación que una madre quiere para su hijo y más sincera aún y mucho más sabia también, que la "sabiduría" de los programas de media tarde presentados por una mujer que carga con el cuestionable honor de representar el feminismo en el país que corresponda.
La experiencia traumática es frctífera en lecciones. Así lo descubro yo en estos días. Una persona muy bien muede creer ser sincera cuando dice, cuenta o argumenta algo, pero dicha creencia puede ser simplemente superficial, y las verdaderas razones quizás no sean ni conocidas por la persona misma. El inconsciente. A veces ocultamos nuestro inconsciente de la consciencia, pues si nos fuera visible clara y distintamente las verdaderas razones que, a menudo, operan en nuestras decisiones, inmediatamente nos asustaíamos de lo mezquino y cruel que uno puede llegar a ser.
¿A santo de qué viene todo esto? Viene a colación de mi experiencia reciente, y es que mi novia me ha dejado hace cuatro días. Las razones fueron pobres, gran influencia consciente tuvo su dramática, y esta es sin duda la mejor palabra al caso, relación anterior y según creo ahora, influjo tuvo también el triste hecho de que ella no me quería tanto a mí, como yo a ella. Y eso que nunca me iba a pasar a mí...
Habito en un mar de confusión, dónde mil dudas me asaltan y me turban:
¿Me quiso de veras alguna vez?, ¿hubiese preferido no haber tenido esta relación nunca, si supiese de hecho que no me quería?, ¿cuando me decía que me quería lo decía de corazón o por necesidad de autoconvencerse?, ¿es posible, como ella dijo, que se desengañase al conocer que yo no siempre soy el joven espontáneo y feliz que a menudo aparento ser? Se sintió estafada, la dececioné, ¿por qué? por estar triste, por estar depresivo. Ya sé, mil voces gritan "injusticia" en mi corazón, pero en temas de amor ¿la justicia qué papel puede llegar a jugar? lo paradójico es que, gracias a Dios, ninguno.
Uno ha de decidir si sacrificarse por otro o protegerse contra una tempestad que pudiera ser demasiado fuerte. Sin duda, la valentía sí es clave en el amor. Pero, ¿quién puede ser tan ruin de acusar a una persona de cobarde, si está desnuda y débil? Yo he llegado a serlo, y de nuevo, pido perdón.