¿Te acuerdas con qué libro me quedaría si sólo pudiera quedarme con uno? Me preguntó mi madre una vez.
¿Te acuerdas?
Pensé en una antología de poemas borgianos, edición bilingüe. O quizá uno de Vestdijk; a menudo habla de él como si fuera su escritor favorito. Hubiera podido pensar, debí, en el libro de poemas de mi abuelo, pero no lo hice y casi que mejor porque si lo hubiera hecho, Ese hubiera contestado y mi madre probablemente, muy probablemente, hubiera empezado a llorar, como siempre llora cuando piensa en él; a veces recopila fuerzas y se acerca la libreta pero casi nunca la abre y mucho menos se atreve con un poema. Ya ni me acuerdo qué contesté, sólo que me equivoqué.
La biblia. Si sólo uno, la biblia.
Pero, la verdad, yo no la creía. Ni siquiera sabía dónde estaba, tanto la leía. Para mi era una respuesta sólo teóricamente verdadera, en la práctica no dedica hora alguna a leer el libro sagrado. Pero eso pasa. Hay libros, sobre todo libros, también películas y hasta personas que uno venera pero sólo como teóricamente, luego nunca ve, ni lee, ni llama. Suelen ser los de carácter más serio, fuera del orden comercial, y comparten con las virtudes la rara condición de enaltecer sin enganchar.
La biblia está ahora delante mía. Y como mi madre, hoy respondería que si sólo un libro me pudiese quedar, sería la biblia.
De mi madre he heredado más cosas; parecer inteligente, una incapacidad crónica por atender lo más urgente y un sentido religioso para el arte. Al menos las dos primeras hacen que la vida sea mucho más difícil, la tercera nos hace arrogantes y píos a un tiempo, y digo píos en el mejor sentido posible -avisé lo de arrogante.
Mi madre suele contar de sus años de madre independiente; camarera y universitaria. Tantas veces que parece querer invocar el paraíso perdido. ¿Otra herencia? No, a pesar de todo, no.
Quizá nuestra diferencia más importante es que yo he tenido una madre que me quiere con locura, hasta abrumar. Quizá por ello callo cuando me pregunta, ¿sabes qué libro me llevaría? Yo ya sí lo sé, imposible de olvidar, pero callo; sólo sé callar. Son conversaciones imposibles. Yo callo y veo, pero como detrás de mí, como mi madre erguida baja la mirada a su copa de vino rosé, aprieta los labios y muestra en un relámpago sólo para aquel que está detrás de mí dirigido, toda la tristeza del mundo y, como en herencia, se la cede. Apura el vaso y medio sarcástica medio enfadada, siendo tan (b)ella, Ciska de Amsterdam, dice "na... creo que me merezco otra". Incontestable, incontestable.
martes, 23 de abril de 2013
domingo, 7 de abril de 2013
La prueba del delito (revisited)
Hoy estuve mucho tiempo sin hacer nada, sumamente triste.
Intenté pensar en las cosas que me hacen feliz, pero ni los amigos ni el sol me consolaban. Todavía no he salido del momento, aunque haya empezado a escribir estas palabras. Pedir ayuda es pedir ayuda, ningún amigo puede estar ahí como tú en ese momento lo necesitarías. Pedir ayuda es pedirla tú, y lo que yo necesito es que me la den sin yo ( ). Sé que es pedir demasiado.
Pasé la aspiradora por casa, Rama se fue al gimnasio y yo me quedé sólo. Apunté una larga lista de sustantivos con su género en mi hoja de excel, vi la llamada "partida del siglo" jugada por Bobby Fischer a los trece años, terminé de ver el programa sobre Eugenio Trías de la dos y, tras comprobar que no quería ya hacer nada de aquello, apagué el ordenador. Esperé a que llegaran ideas sobre qué hacer. Limpié el frigorífico, quité las migas de la encimera, ordené mis papeles, coloqué las sábanas limpias en el armario y finalmente colgué unas imágenes del desastre ecológico del golfo de Méjico en mi pared más vacía. Luego nada. Esperé otro rato a ver qué idea se me ocurría, qué podía hacer, pero nada me apetecía, nada me apetece. Otras veces he apagado las luces y en posición meditativa he intentado vaciar la mente, pero la espalda me duele y esa posición me destroza. Sin dramatismos cogí una cómoda silla de la cocina y me senté en la silla al revés, colocando la espalda contra la pared torcida de mi habitación. Pero esta vez nada me satisfacía, toda idea me parecía insuficiente y cansina. No estaba cansado, ni verdaderamente triste supongo, ni nostálgico, ni quejica, solo estaba pero como a disgusto. Solo estoy y a disgusto. Pensé en escribir, contar cómo la sensación misma siempre está al otro lado cuando empezamos a narrar. Al final me he puesto a escribir, pero soy consciente de que estoy haciendo trampa, y realmente escribo entretenido, sí, pero sin ganas.
Hay más cosas que van mal que bien. Pero eso es lo de menos. Lo que me asusta, lo que detesto en mí es encontrarme tan celoso. No estoy enamorado y sin embargo tan celoso. Intento controlarme pero los celos encuentran siempre una palabra, un gesto, una trama más para inventar, como una maquinaria descontrolada, mil historias que me angustian el corazón. Siempre una más. Cansa y envilece, me siento víctima y me doy pena, tanta como asco.
Hay suficientes razones objetivas como personales para sentirme mal; Laura, el medio crédito, sentirme perdido, sentir/saber que la mejor época con los mejores amigos ha pasado, etc. Pero nada de esto tiene porqué afectarme como me está afectando ahora. La cosa es que, no sé si yo entero, mínimo una parte importante de mí, se sabe, me sé, débil: las cosas me afectan.
En todo el tiempo que permanecí callado sólo conseguían alegrarme dos fantasías: que Laura me dijera "te he echado de menos" y la intimidad cálida de una sonrisa que me acaricia. No es sexo lo que extraño, es que he perdido toda confianza y me siento sólo.
También me dije, mientras permanecía callado, esta vez no voy a quejarme y sufriré este hastío. Ahora no tengo fuerzas para borrar la prueba del delito.
Esto se escribió el 17 de Febrero.
Hoy es 7 de Abril y estuve todo el día contento. Apareció por fin el sol y su luz nítida, dibujando contornos perfectos bajo el cielo azul. Lo había recuperado todo y todo, de golpe y porrazo desapareció: "he conocido a alguien". Y todo cayshhhhhhhhh ó. Óo, y todo shhhhhhhh a-dios.
Pero hay más cosas que van bien que mal. Soy un hombre libre y sano, inteligente y cada día más valiente, dispuesto ya sí a prender la vida, dejar de vivir a medias. Es mejor (¿es mejor? todo se compara, es así) sentir que no sentir nada, vivir peligrosamente; os lo juro, es mejor porque la vida, de la que se puede hablar al menos, es recuerdo y es mejor, sabiendo que sólo hay una, morderla, x-prenderla. Puestos a elegir prefijjos, elije em- la re-petición es sufrimiento y la com-pañía vivir a medias. Em- de puñar, es decirle NO a nuestro sempiterno monólogo interior, pero decirle SÍ a todo lo demás.
Lauraa, me alegro por ti. Quise ser contigo, lo quise de veras, pero en el fondo no éramos quienes podíamos ser. Sí, he de renunciar a tu "te he echado de menos", me lo cambiaste (a malas) por un "he conocido a alguien" que en eco sonaba, suena (seámonos sinceros) "...y a ti te he olvidado". Y todo cayshhhhhhhó, sí, pero es que tenía que caer, tenía que caer, de hecho ya cayó. Ahora toca pisar los escombros SER más fuerte y vencer a ese que quiso ser a tu vera, que sigue queriendo comprender, no entendiendo (o sí) que la vida es un espacio vacío que se borra de a poco, dónde jugar sale caro, sí, pero donde las reglas no están sino por reescribir. Como nos reescribimos a diario, sin tabla rasa ni fin, solo juego y Verdad. Como Verdad es lo aquí escrito.
Pasé la aspiradora por casa, Rama se fue al gimnasio y yo me quedé sólo. Apunté una larga lista de sustantivos con su género en mi hoja de excel, vi la llamada "partida del siglo" jugada por Bobby Fischer a los trece años, terminé de ver el programa sobre Eugenio Trías de la dos y, tras comprobar que no quería ya hacer nada de aquello, apagué el ordenador. Esperé a que llegaran ideas sobre qué hacer. Limpié el frigorífico, quité las migas de la encimera, ordené mis papeles, coloqué las sábanas limpias en el armario y finalmente colgué unas imágenes del desastre ecológico del golfo de Méjico en mi pared más vacía. Luego nada. Esperé otro rato a ver qué idea se me ocurría, qué podía hacer, pero nada me apetecía, nada me apetece. Otras veces he apagado las luces y en posición meditativa he intentado vaciar la mente, pero la espalda me duele y esa posición me destroza. Sin dramatismos cogí una cómoda silla de la cocina y me senté en la silla al revés, colocando la espalda contra la pared torcida de mi habitación. Pero esta vez nada me satisfacía, toda idea me parecía insuficiente y cansina. No estaba cansado, ni verdaderamente triste supongo, ni nostálgico, ni quejica, solo estaba pero como a disgusto. Solo estoy y a disgusto. Pensé en escribir, contar cómo la sensación misma siempre está al otro lado cuando empezamos a narrar. Al final me he puesto a escribir, pero soy consciente de que estoy haciendo trampa, y realmente escribo entretenido, sí, pero sin ganas.
Hay más cosas que van mal que bien. Pero eso es lo de menos. Lo que me asusta, lo que detesto en mí es encontrarme tan celoso. No estoy enamorado y sin embargo tan celoso. Intento controlarme pero los celos encuentran siempre una palabra, un gesto, una trama más para inventar, como una maquinaria descontrolada, mil historias que me angustian el corazón. Siempre una más. Cansa y envilece, me siento víctima y me doy pena, tanta como asco.
Hay suficientes razones objetivas como personales para sentirme mal; Laura, el medio crédito, sentirme perdido, sentir/saber que la mejor época con los mejores amigos ha pasado, etc. Pero nada de esto tiene porqué afectarme como me está afectando ahora. La cosa es que, no sé si yo entero, mínimo una parte importante de mí, se sabe, me sé, débil: las cosas me afectan.
En todo el tiempo que permanecí callado sólo conseguían alegrarme dos fantasías: que Laura me dijera "te he echado de menos" y la intimidad cálida de una sonrisa que me acaricia. No es sexo lo que extraño, es que he perdido toda confianza y me siento sólo.
También me dije, mientras permanecía callado, esta vez no voy a quejarme y sufriré este hastío. Ahora no tengo fuerzas para borrar la prueba del delito.
Esto se escribió el 17 de Febrero.
Hoy es 7 de Abril y estuve todo el día contento. Apareció por fin el sol y su luz nítida, dibujando contornos perfectos bajo el cielo azul. Lo había recuperado todo y todo, de golpe y porrazo desapareció: "he conocido a alguien". Y todo cayshhhhhhhhh ó. Óo, y todo shhhhhhhh a-dios.
Pero hay más cosas que van bien que mal. Soy un hombre libre y sano, inteligente y cada día más valiente, dispuesto ya sí a prender la vida, dejar de vivir a medias. Es mejor (¿es mejor? todo se compara, es así) sentir que no sentir nada, vivir peligrosamente; os lo juro, es mejor porque la vida, de la que se puede hablar al menos, es recuerdo y es mejor, sabiendo que sólo hay una, morderla, x-prenderla. Puestos a elegir prefijjos, elije em- la re-petición es sufrimiento y la com-pañía vivir a medias. Em- de puñar, es decirle NO a nuestro sempiterno monólogo interior, pero decirle SÍ a todo lo demás.
Lauraa, me alegro por ti. Quise ser contigo, lo quise de veras, pero en el fondo no éramos quienes podíamos ser. Sí, he de renunciar a tu "te he echado de menos", me lo cambiaste (a malas) por un "he conocido a alguien" que en eco sonaba, suena (seámonos sinceros) "...y a ti te he olvidado". Y todo cayshhhhhhhó, sí, pero es que tenía que caer, tenía que caer, de hecho ya cayó. Ahora toca pisar los escombros SER más fuerte y vencer a ese que quiso ser a tu vera, que sigue queriendo comprender, no entendiendo (o sí) que la vida es un espacio vacío que se borra de a poco, dónde jugar sale caro, sí, pero donde las reglas no están sino por reescribir. Como nos reescribimos a diario, sin tabla rasa ni fin, solo juego y Verdad. Como Verdad es lo aquí escrito.
lunes, 1 de abril de 2013
Retratado por LGM
Tiempo tras tiempo,
Hoy por fin llegó el tiempo de buscar bus y alojamiento. El examen era el 18 y yo convencido que era el 19. Busqué bus y el alojamiento, carísimo. Me entro el susto, pánico. Todo lo demás fue frustración y miedo, es frustración y miedo.
Pensé que era buena terapia buscar un poema, ya sabes, a modo de catarsis. Obvié todo amor y busqué por soledad, miedo, tiempo. Sí, al final encontré un poema; para mí que no funcionó lo de la catarsis... los poemas parecen no dejarse leer si buscas "algo" en ellos. Es cosa jodida, ¿cuándo se pone uno a leer poemas? La cosa es que busqué por todas esas palabras y esa es la verdad, al menos ahora lo sé. Mentira, antes también lo sabía. Miedo, tic-tac y soledad, sobre todo soledad. Copié esto, verso a verso.
Está solo. Para seguir camino...
Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.
Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.
Y en mi blog añadí, "así me siento yo. Retratado.". Pero el caso es que da igual, haberlo escrito, copiado, pensado, sentido, llorado. Da igual, la fría saliva no se va, no se irá. Ni catarsis ni hostias, estoy harto ¡HARTO!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)