miércoles, 13 de junio de 2007

¡Dejadme! Estoy madurando.

Cuatro años de intensa felicidad ignorante. Después ceden los derechos para que sean ahora las obligaciones las que dominen. A los cuatro años empieza la gran mentira, un futuro de oro, bueno, si no es de oro, al menos siempre será mejor que el presente.
¿Alguien se siente con ganas de hacerme feliz? solo tiene que presentarme un niño que no quiera crecer. Lo importante es crecer, madurar. Madurar... menuda palabra de mierda.
Así uno va madurando, madurando hacia el futuro anhelado, armado contra esas tormentas que te predicaron y que has de portar hasta tu muerte, armadura que supongo debe de entretener a alguno como entretiene la nariz roja de los payasos, por lo demás creo que una armadura si no es para combatir sólo sirve para lastrar, y lo cierto es que no hay armadura que valga para la batalla, la batalla se libra en uno mismo, se trata de ver la parte positiva de las cosas, ya está, ese es el gran secreto.
Menuda decepción eh... Pues eso, se madura y se llega a ese punto crucial de la vida de toda persona los 16 o 18 años. Toca escribir el guión de tu futuro, al menos firmarlo. Tranquilos, si veis que teneis muchas dudas, tened la tranquilidad que hareis algo para algo. Vuestro preciado futuro de oro seguirá allí, en el horizonte sempiterno. Si se piensa en el ahora es que no estas pensando en el futuro, y eso significa que no lo tienes, y eso significa fin, y el fin siempre ha sido malo. ¿No es eso?
De chico, querer crecer, de adolescente la universidad pues es infinitamente mejor que el colegio, en la universidad el trabajo, pues se gana dinero y es mejor todavía, en el trabajo, querer tener una familia, en la familia querer hacerse cargo de ella, en la vejez, recordar la vida vivida, y cuando ya no hay futuro... "mierda, tendría que haber disfrutado".
Casi me olvido, si alguien no se conforma con este futuro, o cuándo se dá cuenta que hay un momento en el que ya no hay futuro, se crea una vida perfecta después de la muerte y listo, religión fundada, su disfrute al final de esta vida.
¿Contentos? Seguramente no, la vida no es ningún timo, la vida de los objetivos, esa sí lo es. Anda, daos cuenta ya, haced lo que tengais que hacer para disfrutar y dejaros de historias. Ciao.

martes, 12 de junio de 2007

Con insomnio y colgado.

El exámen de antropología bien, el de historia bien también, los que quedan no lo sé, y el Barça mal. Una semana, una línea de resumen que además la termina. Bueno, supongo que se podría añadir que desde la última entrada he pasado las madrugadas despiertas en las bibliotecas y los días en la cama, dormido; de vez en cuando hacía una excepción para ir a algún exámen que otro, más que nada porque tocaba. El día humano de 18 horas son para mí pocas y le he sumado seis, conclusión: días inhumanos. Noches eternas, tanto las que se consideran noches como las mías, esos ratos eternos de 16 horas en las que mi cuerpo recibe tregua y descansa.

El mundo cambia mucho dependiendo de la vida de uno. Con algo tan trivial como cambiar las horas de sueño el mundo parece otro, andar por las calles rodeado de gente despierta y agobiada mientras yo peleo con mis pies para que me sigan arrastrando a la dirección aleatoria que han decido tomar es fascinante. Y es que es curioso las ganas que tienen de dejar de soportar el peso del cuerpo, sorprendente lo difícil que es andar a las cuatro de la tarde en una tarde apacible en Madrid. Quizás menos sorprendente teniendo en cuenta que 32 horas se suelen considerar demasiadas para estarlas todas despiertas, demasiadas incluso para un holandes españolizado, ojo.

"Déjame, eres un pesao" de las personas que quiero, "cuanto tiempo" o "(silencio)" de las personas a las que echo de menos, dicho esto último en una cueva. Supongo que será mi imperdonable sentido de la adaptación o mi educación, pero he aprendido a querer lo que está, aunque esté fuera de mi alcance, siempre está. 

"Adios jan, se pierde la comunicación (ruidos que simulan distorsión) y pi pi" ¿y qué le hago yo? soy una persona de fácil adicción, chungo, pero nadie se hace adicto a lo que no le gusta, se podría decir que toda persona que sufre de adicción ha sentido al menos alguna vez la felicidad, quizás algunos más que una persona sana. Lo peor de todo es que esta vez no me he podido ni enganchar todavía, mejor. 
Ojalá pudiera regular mis gustos, en los animales los sentires hacen que sobrevivan, en el hombre también, la diferencia es que el hombre sufre a menudo con su supervivencia, su fin no es ese, sino la recompensa de ella, el placer.

6:48 de la mañana, os dejo que lo adivineis, sí, acertasteis todos menos el graciosillo que falló a propósito, no he dormido. Toca ducharse, intentaré no despertar a nadie, y con rumbo a la facultad estudiaré, a la vuelta probablemente vuelva a vivir una guerra civil en mí mismo, y es que el hecho de que no tengamos pleno control sobre nuestro cuerpo hace que uno se plantée un cierto dualismo. Ridículo, mejor me voy a duchar ya y con suerte lea a alguien que me haga decir menos estupideces que mi "intelecto". A saber qué clase de intelección sufro yo... esperemos que no sea hoy la del sonido de un teléfono que te cuelga. Ciao.

domingo, 3 de junio de 2007

Sólo yo.

Tengo ganas de volver a Estepona. Muchas ganas de disfrutar de la playa, del calor sumergido en aguas saladas de mar. De ver a mi familia, pasar tiempo con ellas en algún chiringuito o en el mismo mar. Ganas también de relajado leer a Nietzsche y si lo encuentro, El Capital de Marx.
Me aburro, debería tirar la tele, e imponerme un mínimo de horas en las que disfrutar del ambiente veraniego que se vive en Madrid. No lo hago, el sueño y las horas de sueño han acordado romper los esquemas de los días y de paso romper mi equilibrio. Papeles de ontología, libro de antropología y portadas de historia ven pasar los ojos ora cansados, ora entusiasmados, pero siempre distintos. Por la convicción autoimpuesta de que filosofía no debería ser una carrera, los exámenes se han convertido en juegos dónde contrastar mi conocimiento. No siento preocupación, ni tampoco agobio, mas bien indeferencia.
Me voy a duchar, que mis ojos y cuerpo lo necesitan después de haber despertado. Una noche en la biblioteca de Puerta de Toledo y enlazo con el exámen de antropología, ojalá encuentre mi ipod y pueda escuchar esta maravilla de música que me ha pasado Diego mientras estudio ontología e historia. Me hace más ilusión ver al profesor y discutir sobre su ensayo escrito hace 5 años que hacer el exámen en sí. Hoy la apatía se ha despertado en mí, voy a combatirla y por eso decido tomar espacios nuevos en esta casa, que después de 10 horas en la cama ya no es ni cómoda. Nada que contar que os interese, es sólo mi pensar ahora y aquí, un domingo a las 16:30. Ciao.