sábado, 27 de octubre de 2007

¿Qué me has hecho verano mío?

A los 19 años, fuerte, sano y ambicioso, estoy sumergido en mi oscuridad. Oscuridad, soledad, vacío, conciencia de muerte propia... círculo de ideas muy deprimente y agotador. Círculo de ideas en la que elegí meterme, círculo de ideas angustiosa y misteriosa, círculo enormemente absorbente, terriblemente real, irónicamente sugerente.
Por absorbente, sugerente y aterrorizador es tan parecido a un agujero negro que al cerrar los ojos no puedo evitar ver esas representaciones de agujeros negros tan típicos de los libros de física o los posters de astrología. ¿Qué hay en el centro mismo del agujero? No se sabe, se quiere saber, no se puede saber... pues muere ya no solo la vida sino incluso el tiempo y el espacio en ese centro fatídico.
A mi me dan igual los agujeros negros, no me afectan, no me van a afectar, y si cabe considerarlo, tampoco a los míos, así que, es tan irreal como Dios para mí. La muerte sin embargo es mucho más real; la oscuridad, soledad y vacío no serían agobiantes y angustiosos si no los experimentara, y afrontémoslo, nos importa lo que nos afecta, lo demás nos es totalmente indiferente.
Aquello que me aterroriza no es tanto la muerte, sino la finitud de la vida. El presagio de una nada eterna... es tan frustrante tener ya un final determinado. Forjamos nuestro destino en vida para vivirla en vida, y ahí acaba el destino, después ya no empieza nada, ha muerto todo y queda muerto sumergido en mi agujero negro.
Quiero que otros se jodan como yo, que se jodan dándose cuenta de su muerte y su irrevocable destino. Por el mero gusto de compartir una sonrisa irónica o ver en la mirada del amigo un destino trágico compartido. Es igual de inocuo trasladar la tragedia, difundirla y promocionarla, nadie te dará solución, nadie te dará consolación, y lo sé. Es por joder... bueno y por buscar consolación en la pena ajena. Nuestra felicidad en esta sociedad de la competencia es relativa a los demás, que es tan efectivo rebajar a los demás que auparse uno, y como uno ya está jodido y hundido, le es más fácil arrastrar a los demás que auparse a costa suya. Ambas formas ruines, pero desear el mal ajeno ha sido siempre culminación de deterioro y degradación y ese ser soy yo. Encantado de conoceros, espero que esta línea ni la leáis por estar ya deprimidos y trastocados; por estar jodidos.