miércoles, 4 de febrero de 2009

Cadáver exquisito 1

Ender era un genio, mucho más inteligente que cualquier niño superdotado. Los militares de la Escuela de Batalla ya lo sabían y por eso le habían mandado la carta de entrada a la escuela.
Era la única persona capaz de acabar con los insectores.
Ahora él tenía que elgir: salvar este planeta o continuar con su tediosa vida. (Final de la primera parte y autora facilmente reconocible).
Y valiente él, teniendo como tenía a su alcance la opción de salvar este planeta, eligió cantinuar su tediosa vida. ¿Acaso era un aspirante a mártir que quería pasar a la posteridad -esa posteridada la que sólo puede acceder Dios, porque aparte de Dios al pobre nadie le conocerá- por renegar de un destino glorioso? No, es que era un hijoputa y quería ver el mundo perecer, quería asistir al fin de todo lo que existe... pero antes de ello, dado que el fin no estaba en sus manos, aburrirse. Porque otra cosa no estaba en sus manos. Así que no salía nunca de su cama.
(Final de la segunda parte).
Vió que por la ventana volvían a pasar helicópteros con sus luces y su ruído. El suelo estaba muy sucio, alfombrado por pelusas según sus palabras, pero daba igual, abajo, debajo de la cama podría encontrar la oscuridad que necesitaba. Los ojos sudaban, me gustaría decir sangre, pero desgraciadamene la fidelidad a los hechos me lo impide, sudaba, destilaba mejor, ese líquido inmundo que a nadie gusta. Con los ojos enrojecidos por el sudor y su espalda acolchada por la suciedad oyó a su vecino, bajito pero audible: "Lo hemos encontrado, toca huir".
(Final de la tercera parte).
Salieron rápidamente cargándolo y se montaron n el Deloreau, pero no les quedaba combustible para un salta en el tiempo, así que siguieron rumbo norte por la carretera de Worcester, como la salsa.
-¿Te gusta la salsa Worcester? -preguntó ella.
(Final de la cuarta parte).
-En determinados momentos, en determinadas situaciones.
Mientras se untaba los labios de la salsa color marrón diarrea susurró:
-¿Qué necesito hacer para que te guste cariño?
A cuatro patas y o con los pantolones en los tobillos me parecía que estaba consiguiendo crear la situación requerida.
-Sigue con lo tuo que intuyo que me convencerás.
Con mi varita máginca chorreando salsa Worcester, color marrón diarrea... decidí dejar de pensar.
(Final de la quinta parte).
Me guardé la varita mágica en el sobaco -no me pregunten cómo coño lo hice- y partí raudo veloz hacia Worcester a indagar sobre el curioso caso de la salsa homónima y mi varita mágica - tan mágica que podía guardármelo en el sobaco-. Cuando llevaba rescientas cinco jornadas en dirección sur, haciendo caso omiso a la enloquecida y esquizocósmca estrella polar, descubrió que no tenía mapa, y que habiendo llegado al polo sur y habiendolo sobrepasado hallábase ya en las cercanía del polo norte.
(Final de la sexta parte).
Nuestro viajero, cansado de dar vueltas al globo decidió pararse a medio camino, en un país hasta entonces desconocido por él: Bilbao.
Poco más sabemos de él salvo que allí se quedó el resto de su vida, cortando troncos y bebiendo mosto.
(Final de la séptima parte).