martes, 11 de noviembre de 2008

Introducción y primera parte de San Manuel Bueno, mártir.

Mi exposición consta de tres partes: 1. Unamuno... ¿hipócrita?, 2. Jugar a ser Dios y 3. La intrigante última página. ¿Cuál será el pegamento de estas tres secciones, que parecen tan diferentes? Su alusión al autor. No a la figura de Unamuno, sino al autor que resulta ser Unamuno.
En el primer tema llevaré a cabo una breve reflexión sobre la enfermedad mortal, o mejor dicho sobre el diagnóstico mortal. Pues conscientes o no todos estamos ligados a la misma suerte.
Esta reflexión servirá como introducción a otra temática, mucho más polémica sin duda. En primer lugar hay que destacar el carácter heroico que tiene o le es dado (sobre un personaje ficticio es complicado precisar dónde acabo uno y empieza el otro) a San Manuel Bueno, mártir. San Manuel sufre su martirio personal al querer ocultar por pura bondad su secreto más sagrado: su falta de fe. Unamuno en toda la novela no hace más que elogiar el carácter bondadosa y heroico de esta actitud, "que bueno es San Manuel que por no sufrir los demás oculta su propio dolor" (esto no es una cita, sino una síntesis del sentir que transmite Unamuno).
De acuerdo, pongámonos en la piel de San Manuel ¿qué es preferible hacer y qué haríamos de hecho? Parece e insisto en el "parece", que don Miguel ha elegido ya. Lo mejor sería guardar el secreto en beneficio del pueblo, respondida una pregunta queda la otra por responder ¿qué haríamos de hecho? No me negarán que es mucho más fácil elegir la divulgación de la tragedia que el martirio de ocultar tu verdad incómoda. Ahora bien, el autor justamente al escribir esta obra parece pecar de incoherencia con sus principios. Alaba hasta la saciedad la actitud de San Manuel, sin embargo al contar su historia peca justamente de difundir la mala nueva. ¿Hipócrita?
Podría ser una de tantas paradojas que se producen en el alma de Unamuno, podría ser simplemente que ensalzara la fe mientras sufre, renegado, los dictados de su logos. Interesante a este respecto es un pasaje en la última página del libro: "Quiero también, ya que Ángela Carballino mezcló a sus relatos sus propios sentimientos, ni sé qué otra cosa quepa, comentar yo aquí lo que ella dejó dicho de que si don Manuel y su discípulo Lázaro hubiesen confesado al pueblo su estado de creencia, éste, el pueblo, no les habría entendido. Ni les habría creído, añado yo." Es decir que la elección entre confesar o no confesar al final resulta practicamente indiferente, ¿exageramos mucho si queremos leer aquí su defensa y disculpa? Yo creo que sí, pero aun con todo, el tema no está ni mucho menos resuelto. El problema de saber qué haría don Miguel si estuviese en la posición de don Manuel, y ¿en qué medida no estaba ya en esa posición, siendo sus lectores su particular pueblo?

lunes, 10 de noviembre de 2008

Un alma puntual.

Cosa curiosa pero parece que el verano tenga algo en contra de que escriba en él. Hay dos posibles explicaciones a este fenómeno: 1) que el verano me descoloque y haga que olvide lo verdaderamente importante, o 2) que uno no escribe cuando ríe al sol.
Noviembre en cambio... la escritura y yo tenemos una relación tan de pareja que a veces me siento culpable de adulterio. Resulta que tengo que escribir sobre Unamuno, ese hombre tan insoportablemente cercano. Y claro, aquí estoy, bajo terapia otra vez.
La situación es insostenible, hay que elegir: desterrarme de mis penas o narrarlas aquí. Toda narración es potenciador del acto narrado, ¿habeis visto alguna vez un partido de fútbol sin comentarios? Hacedlo y os dareis cuenta de lo que digo, y si no os convenzco del todo, mirad una regata sin comentarios(si no te narran las reglas no es tan divertido).
El caso es que aquí estoy, escribiendo a mi hora, en mi ciclo, en Noviembre, de madrugada, esperando la llegada del lunes.
No se si lo sabeis pero el año pasado me equivoqué, dejé de estudiar, de ir a clase, vaguée y me dejé tres asignaturas. Y ahora me entero de que mi futuro podría estar en la cuerda floja por la insensatez de mi pasado; me van pasando la factura poco a poco. Porque yo el año que viene me quiero ir de Erasmus a París, y aunque la cosa está complicada, espero, con un poco de suerte, poder ir. Sin embargo hoy me entero de que hace falta tener aprobado el 80 por ciento de los créditos. El desastroso año pasado hizo que aprobará un 60 por cierto aproximadamente y aunque en el primer curso no me manché, puede que me falte alguna asignatura para llegar a ese 80 por ciento necesitado. Aún con todo, y aún a sabiendas de sonar contradictorio, no me arrepiento de nada. Si hoy estoy como estoy es gracias a esos meses felices e irresponsables, porque sí, estoy bien.
Ahora los temas existencialistas me suenan a cuentos de terror, esos cuentos que mutilan a los sensibles y divierten a los brutos. No tengo ningún problema con mi rol de bruto, ni dignidad ni ostias, en este mundo la dignidad sale cara.
Si no me creeis leed a San Manuel Bueno, mártir. Hombre bueno, sin embargo, o mejor, justamente por bueno... mártir. Unamuno, el pobre Unamuno, era tan mártir como Manu, sin embargo sospecho que no era tan bueno como él. Savater contó hace poco en una entrevista que el mayor y único pasatiempo del amargado es justamente amargar. El pobre Unamuno, muy a su pesar estaba amargado, y claro, se dedicó a escribir novelas... San Manuel lo hubiera censurado, su héroe lo hubiera censurado y está por ver si esto es contradictorio o paradójico... porque no es lo mismo.
No sé si esto es una vuelta al escribir o una feliz excepción. Supongo que todo dependerá de mi estado anímico... sois un público desgraciado, sois un poco como los médicos, que solo conocen a sus pacientes cuando están enfermitos, claro que ellos cobran...
Deseadme un: "hasta nunca" que yo os prometeré teneros presente. Ciao.