jueves, 24 de abril de 2008

Reflexiones

Toma aire con la nariz, concéntrate en llenar tus pulmones con todo el aire que puedas, aguántalo un segundo, dos, y expúlsalo lentamente. Ahora cierra los ojos con cuidado, tómate el cuerpo en serio. Imagina ahora que tienes un cuerpo de porcelana y que todas las funciones que hacemos de forma inconsciente necesiten ahora de nuestra tutela. Bien, cierra los ojos con cuidado, no dejes que tiemblen, pesan, haz que pesen. Con los ojos cerrados, los brazos caídos, la columna erguida y orgullosa, los músculos relajados y la mente en blanco, respira y presta atención.
Hay varias cosas que he pensado y no creo haber oído lo suficiente: a) los mapas y las imágenes del meteosat son irreales, b) cuando escuchamos la palabra "Tierra" vemos una esfera de mar y tierra tapado por nubes, en medio de un universo negro/azul oscuro inmenso, girando lentamente, irreal también, c) nuestra vida se ha de vivir no de contar, a menudo dudo y lo paso mal por pensar que estoy desaprovechando mi vida. Ningún momento se congelará, ningún momento puede ser tal sin tener un futuro por delante. d) Si tienes la sensación se saber qué hacer en determinados momentos pero no sabes muy bien porqué, sigue tu instinto y mata tu afán racionalizador. e) La importancia nos la damos los unos a los otros y deberíamos vivir por ello para los demás.
La incertidumbre es el motor más eficiente y potente para la humanidad como conjunto y como todo formado por cada uno de nosotros, seres vivos que nos hacemos llamar humanos.
Renunciar a la escritura o a cualquier otra forma de dejar constancia me haría, probablemente, una persona más feliz, simple (en el buen sentido) y pura, pero si me preguntasen: ¿qué es lo último a lo que renunciarías en este mundo? tendría que responder: la escritura. Quizás la clave para poder entender a Savater en Babelia sea esa. A lo mejor mi parte más puramente humana, y no en el sentido de humanitaria, sino en el sentido de: característico de lo humano, sea mi afán absurdo de escribir. No dudo que haya motivos y razones en el reconocimiento ajeno, satisfacción personal y demás valores sociales, pero la naturaleza humana tiene atributos divinos que no podemos desestructuralizar mediante la razón y tristemente estos atributos antes nos atormentan que facilitan la existencia, pero nosotros no simplemente existimos, dejamos constancia de nuestra existencia. ¿Qué si no son la memoria, la historia, la escritura, la pintura, el arte en general, la mirada a las estrellas en particular? La humanidad entre lo animal y lo trascendental, condenado a la intranquilidad de estar entre dos mundos. Siempre y para siempre entre dos mundos.

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