jueves, 17 de abril de 2008

Carta a Savater.

Admirado profesor:
Está de enhorabuena, le pido que ejerza unos momentos de Dios. Sí, yo en su lugar también dudaría de una carta que empezara así, sin embargo le pido una oportunidad. Depende de usted considerarlo alivio o fastidio pero he de decirle que no voy a poder otorgarle la eternidad como todo Dios que se precie. De hecho, le pido que ejerza de Dios mortal, es decir: no solo no podrá disfrutar de la parte chula de la divinidad sino encima ha de cargar con su trabajo. Es cierto, quizás no esté tan de enhorabuena... bueno, al grano.
Tengo una pregunta para usted. Valga como prólogo lo que sigue.
Hace unas semanas, quizás hace solo una, leí una entrevista que le hicieron a usted y a Eduardo Mendoza. Bueno, más que una entrevista fué una conversación entre amigos espiada por un periodista curioso. La entrevista me gustó, la leí con alegría y complicidad, estaba de acuerdo, me parecía estar leyendo una queja alegre, alimentada constantemente por el humor; y quién sabe, a lo mejor el humor es precisamente eso: una queja alegre. Cómplice pues, voy leyendo con interés la entrevista y llego hasta el final, el "curioso" pregunta: "Pomponio Flato busca una fuente que da vida pero quita inteligencia. ¿Ustedes qué elegirían?" Y volveis a coincidir, a ser cómplices: conocimiento, ¡winer!, felicidad, loser.
Entre el conocimiento y la felicidad: conocimiento. "Porque si no la vida no te la crees." Y por fin mi pregunta: ¿por qué?
Esa es la pregunta fundamental pero aún me queda una más, ¿se puede ser Pomponio Flato?

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