sábado, 9 de marzo de 2013

The end of work

Si os preguntaran qué relación hay entre la mecanización del trabajo y la crisis que estamos viviendo, ¿qué responderíais?

Si respondiera yo, ahora, mientras leo “the end of work” de Jeremy Rifkin respondería que toda. Sería incapaz de trazar una línea directa entre la crisis del débito y las máquinas pero con todo, sin saber muy bien cómo, concluiría que la relación entre una y otra es directa.

Trabajo y empleo.

En un momento del libro se dice que el trabajo y el empleo no es lo mismo. Veámoslo desde el punto de vista privado:
El empleo le concierne tanto al empresario como al trabajador, al primero le supone un gran coste y al segundo su medio de subsistencia. En este sentido las máquinas no se emplean. Las máquinas se compran y luego se explotan hasta el máximo de su rendimiento para recuperar la inversión primero, y empezar a generar beneficios después. Esta inversión suele ser lo suficientemente significativa para hacer girar el núcleo de la actividad alrededor de la máxima rentabilización de las máquinas. Al empresario le interesa encontrar el equilibro entre el máximo trabajo posible respecto a los mínimos costes. Esto se traduce en la práctica a más máquinas, menos empleados.
Desde el otro punto de vista, el público, tanto trabajo y empleo son deseables y hasta necesarios. Un aumento del paro implica no solo un “desaprovechamiento” de fuerzas de trabajo sino sobre todo un gran lastre para el estado y sufrimiento directo para el parado. Si la adquisición de maquinaria le resulta rentable al empresario es sólo en la medida en la que puede sustituir a trabajadores de carne y hueso. Esto significa beneficios para el empresario y pobreza para el empleado. A largo plazo esto puede dar lugar a que un país industrializado los números macroeconómicos sean saludables, la mecanización del trabajo aumenta la producción y hace que las empresas sean competitivas, también en un plano internacional, sin embargo al mismo tiempo podría darse una tasa de paro significativa, lo cual supone un gran gasto para el estado que tampoco podría emprender planes de salud, educación e infraestructura que beneficiarían a todos. En un país industrializado el estado tendería a la bancarrota, con una parte significativa de la población en paro, pero sin embargo las empresas más importantes gozarían de buena salud.
En economía, sin embargo, parece que un mismo hecho siempre actúa en dos direcciones contrapuestas. Lo cual, por cierto, no quiere decir que se anulen entre sí. El caso clásico lo podemos encontrar en la crisis del 29. De esta crisis y sus causas solo puedo hablar como un novatísimo amateur. En dos palabras, parece que en esta época aumentó espectacularmente la producción sin aumentar la capacidad de consumo de los empleados. Esto hizo que muchísima mercancía no encontrara salida en el mercado, lo cual supuso un duro golpe económico para las empresas. Como resultado tanto las empresas como los empleados estaban arruinados. Este acontecimiento histórico nos enseña que no todo aumento de la producción es necesariamente bueno para la economía. Por lo demás, la salida keynesiana que promovió Roosvelt, y la conciencia de necesitar “producir” consumidores tanto como productos, marcaron el desarrollo de la economía en el siglo XX.

La irreversibilidad de la tecnología.

Jeremy Rifkin nos cuenta en el libro el actual desarrollo de una tercera revolución industrial. La tesis que se mantiene en el libro es que cada desarrollo industrial trae aparejada una disminución del trabajo humano. En la primera etapa esto tuvo un efecto saludable para el trabajador medio ya que pasó de trabajador 12 horas diarias a 8. En la segunda etapa, la revolución eléctrica, Rifkin sostiene que el trabajador fue gradualmente sustituido por máquinas, y a la falta de una estadística contundente que lo demuestre responde que el progresivo desempleo fue compensado por guerras continuadas, que no deja de ser una inversión estatal desde cierto punto de vista frío y matemático. La tercera revolución concierne a las máquinas inteligentes, las cuales programables e interconectadas entre sí pueden llevar a cabo procesos complejos antes reservado al hombre. Todo aquella tarea y respuesta que sea traducible a un circuito de sí y no’s, de ceros y unos es realizable por una máquina “inteligente”. Si a eso añadimos su enlace con robots, capaces de llevar a cabo tareas locales es evidente que gran parte del trabajo existente es realizable por máquinas.
A esto quisiera añadir la reflexión, por lo demás evidente, de la irreversibilidad de la tecnología. Es decir, la historia humana en sus años venideros no vivirá ya más en un mundo sin estas máquinas. Toda tecnología ha llegado para quedarse. La electricidad, trenes y aviones, armas, tanto tanques como bombas nucleares y químicas, la biotecnología, los ordenadores personales, la intercomunicación global (internet), todo ha quedado para quedarse. Aparte de las consecuencias apocalípticas o redentoras que pueda tener algunos avances tecnológicos, su mayor impacto se encuentra en el impacto que tiene sobre la organización de la sociedad como un todo, y el día a día de cada uno de nosotros. Igual que una fábrica se organiza alrededor de su maquinaria, la sociedad se organiza alrededor de la tecnología existente.

Técnica y sociedad.

Quizá haya sido siempre así. Sin embargo imagino que supone una gran brecha la primera máquina, hecha por el hombre, independiente en su funcionamiento del hombre mismo. Supongo que a esto es a lo que tendemos a llamar máquina. No sé cuándo se produjo la primera. No es la pólvora, ni la brújula (¿o sí?) ni la imprenta, inventos que suelen ser citados como decisivos para la transición hacia la modernidad.

Recorrido a través de la historia del pensamiento.

Yo solo puedo hablar de lo que conozco, y algo sé de la historia del pensamiento, me interesa pues qué pensó y escribió Descartes, Leibniz y Pascal acerca de la técnica y de las máquinas. Sé que a Leibniz se le considera el primero en construir una máquina, creo que una calculadora, prototipo del futuro ordenador. Pascal también inventó alguna máquina que otra, y a Descartes le fascinaba lo suficiente como para considerar a todo animal, máquina. También es interesante al respecto que estos pensadores, los llamados racionalistas, tenían un gran interés y conocimiento de la matemática. Estos tres pensadores vivieron en el siglo XVII y son parte del legado de la filosofía continental. Diferenciada esta de la filosofía escrita en las islas británicas, sin embargo creo que esta línea de pensamiento es continuada de alguna manera por la filosofía analítica. Sin embargo no se puede considerar a los proto-ilustrados Locke, Hume, Berkeley, Hobbes y compañía como pensadores ocupados con estas intrigas técnicas; más bien su pensamiento es de corte más humanista y orientado hacia la influencia política. Parece en la época ilustrada encontramos un impass, sin ser un experto creo que tampoco en Kant, cumbre de la Ilustración, encontramos reflexiones ocupados con esta temática. Tras el convulso final del siglo XVIII, con la revolución francesa y el despertar de Estados Unidos, nos encontramos con la llegada de Napoleón y la paulatina traslación hacia sociedades profesionalizadas y disciplinadas, aquí encontramos a Hegel. Supongo que alguien habrá dicho, yo al menos creo haberlo escuchado, que el sistema hegeliano es como una máquina que sigue su combustión interna. La dialéctica hegeliana, que pretende explicar, además, el curso de la historia en su conjunto se puede describir como un proceso automático, que sigue su propia lógica; esta lógica si bien pueda parecer imparable y acongojante, es benévola, identificándose con la razón y el bien. A partir de aquí, creo que el pensamiento acerca de la técnica siempre será crítico, como un problema con el que lidiar y dar lugar. Dejo aquí este rápido sobrevuelo, pero me gustaría volver a Hegel para terminar este apartado con él ¿cuántas veces no habremos escuchado “racionalización” y cuántas veces no nos han intentado convencer de sus virtudes los empresarios que querían reducir plantilla? Ojo, pues, con lo que llamemos racional, sería terrible que sigamos un plan absolutamente racional pero inhumano.

Dejo este texto aquí, creo que sería interesante ahondar en un futuro en este tema de la técnica. Un apartado muy interesante que no he tocada es el intento (frustrado) de comprender el lenguaje mediante un enfoque analítico. Hablo de Frege, Russell y Wittgenstein, ¿no equivale esa investigación al intento de automatizar el lenguaje? El lenguaje, el nuestro, el llamado analíticamente “natural”, resistió el embate. Creo que desde entonces muchos intelectuales han estudiado el lenguaje intentando encontrar en su estructura un modelo alternativo al analítico. Quizá también para dar un lugar distinto a la técnica en nuestras sociedades. Los vínculos entre estas afirmaciones se me escapan, pero merece la pena investigar el asunto.

domingo, 17 de febrero de 2013

La prueba del delito

Hoy estuve mucho tiempo sin hacer nada, sumamente triste.

Intenté pensar en las cosas que me hacen feliz, pero ni los amigos ni el sol me consolaban. Todavía no he salido del momento, aunque haya empezado a escribir estas palabras. Pedir ayuda es pedir ayuda, ningún amigo puede estar ahí como tú en ese momento lo necesitarías. Pedir ayuda es pedirla tú, y lo que yo necesito es que me la den sin yo pedirla. Sé que es pedir demasiado.

El momento llegó así: comí con Rama (mi compañero de piso), hablamos de irnos y especulamos hacia dónde y cómo. Luego pasé la aspiradora por casa, Rama se fue al gimnasio y yo me quedé sólo. Apunté una larga lista de sustantivos con su género en mi hoja de excel, vi la llamada "partida del siglo" jugada por Bobby Fischer a los trece años, terminé de ver el programa sobre Eugenio Trías de la dos y, tras comprobar que no quería ya hacer nada de aquello, apagué el ordenador. Esperé a que llegaran ideas sobre qué hacer. Limpié el frigorífico, quité las migas de la encimera, ordené mis papeles, coloqué las sábanas limpias en el armario y finalmente colgué unas imágenes del desastre ecológico del golfo de Méjico en mi pared más vacía. Luego nada. Esperé otro rato a ver qué idea se me ocurría, qué podía hacer, pero nada me apetecía, nada me apetece. Otras veces he apagado las luces y en posición meditativa he intentado vaciar la mente, pero la espalda me duele y esa posición me destroza. Sin dramatismos cogí una cómoda silla de la cocina y me senté en la silla al revés, colocando la espalda contra la pared torcida de mi habitación. Pero esta vez nada me satisfacía, toda idea me parecía insuficiente y cansina. No estaba cansado, ni verdaderamente triste supongo, ni nostálgico, ni quejica, solo estaba pero como a disgusto. Solo estoy y a disgusto. Pensé en escribir, contar cómo la sensación misma siempre está al otro lado cuándo empezamos a narrar. Al final me he puesto a escribir, pero soy consciente que estoy haciendo trampa, y realmente escribo entretenido, sí, pero sin ganas.

Hay más cosas que van mal que bien. Pero eso es lo de menos. Lo que me asusta, lo que detesto en mí es encontrarme tan celoso. No estoy enamorado y sin embargo tan celoso. Intento controlarme pero los celos encuentran siempre una palabra, un gesto, una trama más para inventar, como una maquinaria descontrolada, mil historias que me angustian el corazón. Siempre una más. Cansa y envilece, me siento víctima y me doy pena, tanta como asco.

Hay suficientes razones objetivas como personales para sentirme mal; Laura, el medio crédito, sentirme perdido, sentir/saber que la mejor época con los mejores amigos ha pasado, etc. Pero nada de esto tiene porqué afectarme como me está afectando ahora. La cosa es que, no sé si yo entero, mínimo una parte importante de mí, se sabe, me sé, débil: las cosas me afectan.

En todo el tiempo que permanecí callado sólo conseguían alegrarme dos fantasías: que Laura me dijera "te he echado de menos" y la intimidad cálida de una sonrisa que me acaricia. No es sexo lo que me falta, es que he perdido toda confianza y me siento sólo.

También me dije, mientras permanecía callado, esta vez no voy a quejarme y sufriré este hastío. Ahora no tengo fuerzas para borrar la prueba del delito.

jueves, 3 de enero de 2013

Formas de empezar un año.

Hay un volcán bastante grande en Estados Unidos que hace seiscientos mil años hizo ¡bum! y prometió que volvería a explotar en unos seiscientos mil años. El último volcán de su tamaño que erupcionó, en algún lugar de Sumatra redujo la población humana a unas cinco o diez mil personas. Increíble ¿no? Por lo visto tanta ceniza bloqueó la radiación del sol y la temperatura media del planeta bajó hasta cinco grados.
Todo esto salía en la dos, hoy tres de enero del 2013. La verdad es que a mi no me hizo mucha gracia la cosa y eso que David ya me contó del asunto hace unos años. En fin, esto (sea lo que sea) es algo bastante excepcional. Aseguraros por favor de disfrutar con lo que haceis, porque con supervolcán o sin él, no tenemos mucho margen de maniobra.
Me apetecía ilustraros, así, porque me apetecía. Sabed a todos los que me leéis que os quiero más de lo que os muestro y por la parte que me toca, es decir toda, perdón.

sábado, 3 de marzo de 2012

Juego o tango, tango o juego, o el que(más)dará(?)

No escribí nada cuando me enteré de nuestra ruptura simbólica. Jamás supe que algo que no existe, que no era real, pudiera doler tanto cuando se rompe, sin embargo dolió y sin embargo también nada existió -y eso (también) duele-. Nos gustaba escribirnos, ficcionarnos, estar o hacer como que estábamos (enamorados) como adolescentes -es revelador la cantidad de cosas únicas que saben y pueden hacer los que adolecen-. Nos contábamos mentiras, algunas verdades, sólo las más importantes, y el resto del tiempo jugábamos a importarnos mucho y nada, a la vez como juego imposible del que éramos los amos absolutos.
Un día retiraste el tablero con la partida sin acabar, podrías al menos haberlo volcado, ahora repito el mismo sueño una y otra vez. Estoy yo, encogido, sentado, sólo se ve mi nuca (¿cómo reconozco mi nuca? No lo sé) y lloro. La primera lágrima que cae se estrella ante un aparente vacío, aparecen las primeras fichas -mojadas- y así mientras lloro veo que el juego nunca dejó mi regazo, que tú sólo quitaste el juego físico, el empírico, pero el real lo llevo yo. Y así, después de mucho llorar, toco la húmeda, noble madera; me toca mover, muevo -te dejo en posición difícil- y pongo a esperar. Curioso juego en el que el reloj corre a cuenta del oponente, donde la verdadera victoria está en no terminar, yo espero pero tu no juegas; el tablero pesa cada vez menos, las cuadradas líneas de las casillas se emborronan y entretejen, pronto ya sólo veo hebras de ficción que saltan de su quietud y difuminan en el vacío del que provienen. En un último intento desesperado me esfuerzo por llorar pero las cuencas de mis ojos están secas, rojas e irritadas sólo saben quemar, nada irrigan ya.
Cuando llegas el juego ya acabó, perdimos los dos, yo te quise avisar pero ya sabes: las reglas del juego lo prohiben. Luego despierto y veo que nada de eso pasó o eso, iluso consciente y buen pensador, pienso yo. No sé si hubó juego, jugamos o jugaremos, no me sé las reglas y no te puedo ilustar. Creo escribirte el pretérito pero quién sabe, todo lo que existe ha de ser verdad -es el triste sino de todo acaecer -el no poder escapar a su seriedad--.
Sabé vos que el argentino se infiltra sólo cuando escucha a tango y esto, vos lo sabes, es tan sereno como corazonado. Mil besos Clariclea.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Violación, querida. Querida violación.

No pensaba escribir y esa es la verdad. Pero decidiste asomarte y ya este blog no puede ser igual. Su voluntad de diario quedó violada, ahora no sabe -no sé- cómo hacer, qué decir.
¿Entonces qué?
No lo sé, creo que has de decírmelo tú. Hay cosas, no es difícil de adivinar, que no te hubiese dicho; que costarían más de un interrogatorio, más de un silencio, más de una intimidad compartida.
Estoy muerto de miedo y esa es la verdad. Este blog empezaba a'costumbrarse a su desnudez y ahora ha de vestirse, de alguna manera ha de vestirse. Nunca fué diario pero sí era guardado en un cajón; la luz no sabe -no sé- cómo le sentará.
Tendrás, de nuevo, que decírmelo tú. Hay cosas que te repetiré, cosas que seguirás teniendo que adivinar como bruja que dices ser; los interrogatorios, los silencios, las intimidades compartidas tendrán que hablar de un yo que te toca inventar... no sabes en la que te has metido, equis-dé.

Sesenta y seis
sesenta y siete
fragmentos de mí
y yo sin saber qué decir.

Callo porque tengo nueva voz y no la recozco. Miedo, mucho miedo, palabras nuevas, gramática distinta, ¿quién soy? ¿quiénes somos? ¡Auch! Cuéntame.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Material, memoria, III

De Jose Ángel Valente para los demás:

El encuentro fugaz de los amantes
en las furtivas camas del atardecer
y ya el adiós como de antes casi
de empezar el amor
y el jadeante amor
bebiendo entre tus ingles
el vientre azul de tu primer desnudo,
tus párpados,
y el súbito
pulso roto de un tiempo inmemorial
largando amarras hacia dentro del tiempo.

Tu decías será de noche, amor.
y ya caía
la luz,
mas era igual, como era igual
igual a igual
y nunca a siempre, jamás a todavía
en la sola estación
solar
de tu mirada.

Con la poesía aprendes sobre la recreación; aprendes o experimentas la re-creación. De lo no dicho, del común asombro ante las cosas de a poquito, un silencio narrado que viste al desnudo y desgarra al más pintado. Cosas que no existen sino en nuestra ficción sólo parcialmente compartida; voces como dichas a medias, más para uno que para los demás, lágrimas orgullosas en su derramar.