El encuentro fugaz de los amantes
en las furtivas camas del atardecer
y ya el adiós como de antes casi
en las furtivas camas del atardecer
y ya el adiós como de antes casi
de empezar el amor
y el jadeante amor
bebiendo entre tus ingles
el vientre azul de tu primer desnudo,
tus párpados,
y el súbito
pulso roto de un tiempo inmemorial
largando amarras hacia dentro del tiempo.
Tu decías será de noche, amor.
y ya caía
la luz,
mas era igual, como era igual
igual a igual
y ya caía
la luz,
mas era igual, como era igual
igual a igual
y nunca a siempre, jamás a todavía
en la sola estación
solar
de tu mirada.
Con la poesía aprendes sobre la recreación; aprendes o experimentas la re-creación. De lo no dicho, del común asombro ante las cosas de a poquito, un silencio narrado que viste al desnudo y desgarra al más pintado. Cosas que no existen sino en nuestra ficción sólo parcialmente compartida; voces como dichas a medias, más para uno que para los demás, lágrimas orgullosas en su derramar.
1 comentario:
Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».
Luis Alberto de Cuenca.
Publicar un comentario