Tengo que recordar ese día. Igual que recuerdo mejor que mi cumpleaños el 1 de Noviembre, el 16 de Abril del 2008 lo tendré que estampar en mi cerebro. Este día que para mí sigue siendo hoy, he disfrutado de Savater, disfrutado como nunca antes lo he hecho en mi vida. Si soy sincero no puedo siquiera decir que haya salido de su despacho con una "verdad" nueva o un mensaje clave. Simplemente, no sé si de manera consciente, nos ha invitado al disfrute y a vivir. Nada nuevo diréis algunos, quizás, nada nuevo, pero la impresión y su retórica me han hecho muy felices hoy y espero que dure.
Prometí, me prometí mejor dicho, cortarme el pelo de forma drástica en algún momento ferozmente entusiasta. Hoy ha sido el día. Esteticamente he vuelto a una imágen más infantil, incluso diría que he dado un paso atrás, pero animicamente sienta bien, no solo es quitarse un peso de encima, es sentirse más libre.
Por lo demás, a escasos 500 metros de mi casa, el Valencia ha ganado la copa del rey. Me alegro, Koeman se lo merecía.
Volviendo a lo de antes, quizás si haya aprendido algo: "el sentido es una gran farsa". A parte de recoger algunas perlas inolvidables: "No tememos tanto el morir como el dejar de estar vivos", "la diferencia entre una persona culta y una que no lo es, es que la persona culta necesita gastarse mucho menos dinero para divertirse en un fin de semana"... etc.
Esta experiencia me ha dado una idea: hacer una lista de personas que quiero conocer e ir tachando nombres.
De momento es ya tarde, mañana empieza un nuevo día. Me encanta saber que me quedan muchos años de vida por delante. ¡A disfrutar!
jueves, 17 de abril de 2008
martes, 15 de abril de 2008
El sueño del perdedor.
Todo el sueño es una pesadilla lúdica.
Él, de negro, se difumina entre el humo y su gabardina, a veces, una cara amarilla deja ver ojos naranja fuego que arden pacientes en un oasis de odio. La víctima, desesperadamente triste huye de una muerte que no quiere evitar. Todo es un gran juego: la ansiedad, la violencia y la astucia ingredientes de una magistral persecución del asesino drogado a su trabajo y la víctima, deprimida y triste, miedosa y angustiada.
Entre edificios de ladrillos rojos, parques iluminados por farolas amarillas, canales por la luna, dos personajes luchan, uno por su vida el otro por su sentido. Y sí, hay vencedores y vencidos. La víctima no es más que una cara trágica que aparece y desaparece como un fantasma, agobiado no puede más y a punto está de darse por vencido pero el miedo le gana y le hace seguir corriendo y corriendo hacia el final que le persigue a su espalda. De fondo, como una mosca cojonera, siempre estático e indiferente la persona respetable lee los periódicos en el banco del parque viendo con fingida amargura el caos y el desastre del mundo. Observador impasible, rol vicioso de las personas formales. Mira sin inquietarse la escena representada. Ni una mueca, ni un estremecimiento, solo curiosidad morbosa, traducida luego a dilemas morales.
Finalmente, rendido y atrapado la víctima cede y de rodillas espera la sentencia final, un rifle ultra-moderno con silenciador incorporado da una muerte justa al pobre infeliz. La emoción se traduce en euforia sádica en el asesino, nada hay ya del cadáver que se desangra en el suelo y de fondo, de espaldas a mí, el señor con sombrero y pipa dobla su periódico mientras se levanta con un respiro profundo y melancólico, "a donde hemos llegado...".
No hay obsesión más persistente que ser el orgulloso asesino de aquel buen hombre. No soy capaz de soportar a ese ser impasible ante la tragedia y que sin embargo, se queja lastimosamente de ella. ¿Tendré esa suerte, podré matar mi más odiado personaje? ¿Tendré esa suerte...?
La pregunta le obsesionaba, el sueño también. Ángel estaba harto de si mismo, si algo temía era convertirse en su odiado enemigo. Nada más real que el sufrimiento, nada más irreal que la angustia. Él no podía evitarlo, de alguna forma había nacido así, de otra mucho mas curiosa odiaba su naturaleza. Ese hombre pacífico, triste, quejica y pasivo por naturaleza intentaba ser el villano justiciero, enérgico y optimista; el hombre de acción que nunca podría ser. Pero, ¿y su sueño, era de veras tan irreal como aparentaba? Eso dependía de él, y lo sabía.
Él, de negro, se difumina entre el humo y su gabardina, a veces, una cara amarilla deja ver ojos naranja fuego que arden pacientes en un oasis de odio. La víctima, desesperadamente triste huye de una muerte que no quiere evitar. Todo es un gran juego: la ansiedad, la violencia y la astucia ingredientes de una magistral persecución del asesino drogado a su trabajo y la víctima, deprimida y triste, miedosa y angustiada.
Entre edificios de ladrillos rojos, parques iluminados por farolas amarillas, canales por la luna, dos personajes luchan, uno por su vida el otro por su sentido. Y sí, hay vencedores y vencidos. La víctima no es más que una cara trágica que aparece y desaparece como un fantasma, agobiado no puede más y a punto está de darse por vencido pero el miedo le gana y le hace seguir corriendo y corriendo hacia el final que le persigue a su espalda. De fondo, como una mosca cojonera, siempre estático e indiferente la persona respetable lee los periódicos en el banco del parque viendo con fingida amargura el caos y el desastre del mundo. Observador impasible, rol vicioso de las personas formales. Mira sin inquietarse la escena representada. Ni una mueca, ni un estremecimiento, solo curiosidad morbosa, traducida luego a dilemas morales.
Finalmente, rendido y atrapado la víctima cede y de rodillas espera la sentencia final, un rifle ultra-moderno con silenciador incorporado da una muerte justa al pobre infeliz. La emoción se traduce en euforia sádica en el asesino, nada hay ya del cadáver que se desangra en el suelo y de fondo, de espaldas a mí, el señor con sombrero y pipa dobla su periódico mientras se levanta con un respiro profundo y melancólico, "a donde hemos llegado...".
No hay obsesión más persistente que ser el orgulloso asesino de aquel buen hombre. No soy capaz de soportar a ese ser impasible ante la tragedia y que sin embargo, se queja lastimosamente de ella. ¿Tendré esa suerte, podré matar mi más odiado personaje? ¿Tendré esa suerte...?
La pregunta le obsesionaba, el sueño también. Ángel estaba harto de si mismo, si algo temía era convertirse en su odiado enemigo. Nada más real que el sufrimiento, nada más irreal que la angustia. Él no podía evitarlo, de alguna forma había nacido así, de otra mucho mas curiosa odiaba su naturaleza. Ese hombre pacífico, triste, quejica y pasivo por naturaleza intentaba ser el villano justiciero, enérgico y optimista; el hombre de acción que nunca podría ser. Pero, ¿y su sueño, era de veras tan irreal como aparentaba? Eso dependía de él, y lo sabía.
domingo, 13 de abril de 2008
¿Un Dios suicida?
Vivo pendiente de una obsesión. Inquietante y esterilizadora. Ya la conoceis, no hacen falta detalles. Mi tema ahora y hoy es otro, ¿cómo vivir con esa obsesión?
¿Que todo tiene fin implica que nada valga la pena?
El amor, nos recreamos en él, le dedicamos nuestra vida y... ¿alguien puede negar que se acabará? o mejor aún, ¿alguién puede decir que no vale la pena?
La conclusión parece fácil, su ejecución no tanto. Nuestra vida orientada hacia la vida, las personas, los sentimientos, placer y dolor, inevitablemente ligados, vida y muerte, también. Me vuelvo repetitivo, lo sé. Las últimas entradas no son más que divagaciones sobre la vida y la muerte, inútiles y redentoras. Ahora... soy incapaz de dirigirme, mi corazón tiene cierta autonomía y está bien que así sea, solo espero que acabe ya su protesta, su venganza auto-destructiva.
Me dijeron que Laura estaba en todo el blog, y quién sabe, a lo mejor es así. Os puedo prometer que más me dolió y me duele mis miedos irracionales que mi dolor sentimental; mi fracaso como persona no es comparable a mi humillación como Dios.
¿Por qué Dios, por qué esa arrogancia de llamarse a uno Dios? No es arrogancia, en mi más profundo y velado sentir me creo inmortal y por tanto... Dios. De hecho, todo es tan alucinantemente incomprensible que a veces me surge la duda, ¿qué me asegura la no existencia de un ser divino que haya posibilitado todo esto?
Yo también creí ser ateo convencido, pero quizás necesite negar mis creencias para poder respirar y disfrutar de esta vida fugaz.
¡A los veinte años! Angustiado y obsesionado. Estoy un poco harto de mí, también lo dije e insisto, harto de estar harto también. Bucles infinitos, re-reflexiones. Mejor me pongo a hacer flexiones, comprar ropa, ordenar mi cuarto, organizar mis vacaciones, organizar mi vino, regalar lo prometido, cumplir y actuar. Quizás sí, quizás deba ser humilde de una vez por todas, abandonar mi locura divina humillada por la muerte y ser mortal, porque quién sabe, quizás solo un mortal puede ser feliz, quizás solo un mortal quiera vivir. Quizás el mayor anhelo de Dios es el suicidio. En algo le tendríamos que ganar ¿no? [No me voy a suicidar, tranquilos]
¿Que todo tiene fin implica que nada valga la pena?
El amor, nos recreamos en él, le dedicamos nuestra vida y... ¿alguien puede negar que se acabará? o mejor aún, ¿alguién puede decir que no vale la pena?
La conclusión parece fácil, su ejecución no tanto. Nuestra vida orientada hacia la vida, las personas, los sentimientos, placer y dolor, inevitablemente ligados, vida y muerte, también. Me vuelvo repetitivo, lo sé. Las últimas entradas no son más que divagaciones sobre la vida y la muerte, inútiles y redentoras. Ahora... soy incapaz de dirigirme, mi corazón tiene cierta autonomía y está bien que así sea, solo espero que acabe ya su protesta, su venganza auto-destructiva.
Me dijeron que Laura estaba en todo el blog, y quién sabe, a lo mejor es así. Os puedo prometer que más me dolió y me duele mis miedos irracionales que mi dolor sentimental; mi fracaso como persona no es comparable a mi humillación como Dios.
¿Por qué Dios, por qué esa arrogancia de llamarse a uno Dios? No es arrogancia, en mi más profundo y velado sentir me creo inmortal y por tanto... Dios. De hecho, todo es tan alucinantemente incomprensible que a veces me surge la duda, ¿qué me asegura la no existencia de un ser divino que haya posibilitado todo esto?
Yo también creí ser ateo convencido, pero quizás necesite negar mis creencias para poder respirar y disfrutar de esta vida fugaz.
¡A los veinte años! Angustiado y obsesionado. Estoy un poco harto de mí, también lo dije e insisto, harto de estar harto también. Bucles infinitos, re-reflexiones. Mejor me pongo a hacer flexiones, comprar ropa, ordenar mi cuarto, organizar mis vacaciones, organizar mi vino, regalar lo prometido, cumplir y actuar. Quizás sí, quizás deba ser humilde de una vez por todas, abandonar mi locura divina humillada por la muerte y ser mortal, porque quién sabe, quizás solo un mortal puede ser feliz, quizás solo un mortal quiera vivir. Quizás el mayor anhelo de Dios es el suicidio. En algo le tendríamos que ganar ¿no? [No me voy a suicidar, tranquilos]
jueves, 10 de abril de 2008
¿Te convenceré?
Cambiando el ejemplo. De cárcel, de cinta transportadorra hacia la muerte a otra cosa. Veréis, a veces padezco un sentimiento de claustrofobia horrible, pienso que estamos condenados a morir y que no podemos hacer nada por evitarlo. Ahora cambio el ejemplo, estamos en un paraiso con fecha de caducidad, depende de nosotros disfrutarlo o lamentarnos que se nos acabe.
Y la vida es un fin en si mismo, mortales con aspiraciones mortales. Siento no estar siempre de acuerdo conmigo mismo, me encantaría agarrar este sentir y que no me abandone nunca, imposible, lo sé. Nada más, sin ganas de gustar, solo disfrutando del paraiso. Ciao.
Y la vida es un fin en si mismo, mortales con aspiraciones mortales. Siento no estar siempre de acuerdo conmigo mismo, me encantaría agarrar este sentir y que no me abandone nunca, imposible, lo sé. Nada más, sin ganas de gustar, solo disfrutando del paraiso. Ciao.
martes, 8 de abril de 2008
Curioso ¿no?
No me está resultando fácil comprender la vida. Estamos instalados en ella desde siempre y a priori no debería haber razón para la sorpresa, no conocemos otra cosa y nada nos debería ser más natural que ella. Sin embargo esto no es así. Por un lado un humano más entre tantos, por otro ese ser inmortal que todos alguna vez nos hemos creido. Solo conscientes de la vida llegamos a preguntarnos qué después o qué antes, ese choque entre subjetividad divina y objetividad humilladora nos desquicia y a menudo funda ese asombro. Por un lado arterias, músculos y huesos, por otro conciencia, sueños y deseos, se hace de verás difícil entender la relación de identidad entre ambos. Quizás sean solo preocupaciones mías y de unos pocos más, ahora mismo hablo desde la serenidad, sin angustia ni miedo, solo que consciente de su existencia y amenaza.
Enclaustrados en un mundo lleno de posibilidades, todo me resulta curioso. Quiero resucitar aquello que me hacía disfrutar sin necesidad de un porqué. Me voy a la cama que tengo sueño. Cuantas cosas en un solo año, sigo sin asimilarlo del todo pero ya vendrá, de momento: buenas noches.
Enclaustrados en un mundo lleno de posibilidades, todo me resulta curioso. Quiero resucitar aquello que me hacía disfrutar sin necesidad de un porqué. Me voy a la cama que tengo sueño. Cuantas cosas en un solo año, sigo sin asimilarlo del todo pero ya vendrá, de momento: buenas noches.
jueves, 3 de abril de 2008
Sinceridad.
Este momento será superado. Ayer lo pasé mal, me entró un ataque de angustia horrible y me sentí impotente y deprimido. Juan me ayudó a salir: "la vela es un deporte divertido", ¿cómo no olvidarte de estupideces exsistencialistas? Me cuesta explicarle a alguien quien no ha vivido nada similar, qué es ese sentimiento. Cada uno está condenado a morir. Cada uno está atrapado sin remedio, no hay salida posible porque no hay nada más, y esto es muy difícil de aceptar. Quería escribirlo, por mundanizar un miedo que proviene de lo abstracto, del pensar. A simple vista no hay nada que nos induzca a pensar que vamos a morir. No corremos el riesgo de caer desplumados de golpe, morimos cuando ya decrépitos nuestro organismo no es capaz de respirar, o la sangre deja de regar al cuerpo o lo que sea, pero ahora mismo, no podemos morir. Bien es verdad que ese momento tendrá que llegar, y esta es la raíz del sufrimiento, no el dolor anterior a la muerte, sino su inevitabilidad.
A veces la gente, la generación, etc. sirve como un gran colchón; hablamos y debatimos sobre nuestros miedos y de alguna forma que no logro comprender nos tranquilizamos. Menos mal. Estoy a favor de virar el tema del pensar hacia la vida y no tanto a temas que no tienen respuesta y solo nos hunden un poquito más. Habrá placer en el dolor... ¿y qué? No me siento muy bien cuando sufro, hasta hace poco la frase la creía evidente, pero parece que no, quiero dejar de buscar el dolor, si eso conlleva seleccionar mi pensar que así sea, ¡hedonismo abrázame!.
A veces la gente, la generación, etc. sirve como un gran colchón; hablamos y debatimos sobre nuestros miedos y de alguna forma que no logro comprender nos tranquilizamos. Menos mal. Estoy a favor de virar el tema del pensar hacia la vida y no tanto a temas que no tienen respuesta y solo nos hunden un poquito más. Habrá placer en el dolor... ¿y qué? No me siento muy bien cuando sufro, hasta hace poco la frase la creía evidente, pero parece que no, quiero dejar de buscar el dolor, si eso conlleva seleccionar mi pensar que así sea, ¡hedonismo abrázame!.
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