No escribí nada cuando me enteré de nuestra ruptura simbólica. Jamás supe que algo que no existe, que no era real, pudiera doler tanto cuando se rompe, sin embargo dolió y sin embargo también nada existió -y eso (también) duele-. Nos gustaba escribirnos, ficcionarnos, estar o hacer como que estábamos (enamorados) como adolescentes -es revelador la cantidad de cosas únicas que saben y pueden hacer los que adolecen-. Nos contábamos mentiras, algunas verdades, sólo las más importantes, y el resto del tiempo jugábamos a importarnos mucho y nada, a la vez como juego imposible del que éramos los amos absolutos.
Un día retiraste el tablero con la partida sin acabar, podrías al menos haberlo volcado, ahora repito el mismo sueño una y otra vez. Estoy yo, encogido, sentado, sólo se ve mi nuca (¿cómo reconozco mi nuca? No lo sé) y lloro. La primera lágrima que cae se estrella ante un aparente vacío, aparecen las primeras fichas -mojadas- y así mientras lloro veo que el juego nunca dejó mi regazo, que tú sólo quitaste el juego físico, el empírico, pero el real lo llevo yo. Y así, después de mucho llorar, toco la húmeda, noble madera; me toca mover, muevo -te dejo en posición difícil- y pongo a esperar. Curioso juego en el que el reloj corre a cuenta del oponente, donde la verdadera victoria está en no terminar, yo espero pero tu no juegas; el tablero pesa cada vez menos, las cuadradas líneas de las casillas se emborronan y entretejen, pronto ya sólo veo hebras de ficción que saltan de su quietud y difuminan en el vacío del que provienen. En un último intento desesperado me esfuerzo por llorar pero las cuencas de mis ojos están secas, rojas e irritadas sólo saben quemar, nada irrigan ya.
Cuando llegas el juego ya acabó, perdimos los dos, yo te quise avisar pero ya sabes: las reglas del juego lo prohiben. Luego despierto y veo que nada de eso pasó o eso, iluso consciente y buen pensador, pienso yo. No sé si hubó juego, jugamos o jugaremos, no me sé las reglas y no te puedo ilustar. Creo escribirte el pretérito pero quién sabe, todo lo que existe ha de ser verdad -es el triste sino de todo acaecer -el no poder escapar a su seriedad--.
Sabé vos que el argentino se infiltra sólo cuando escucha a tango y esto, vos lo sabes, es tan sereno como corazonado. Mil besos Clariclea.
sábado, 3 de marzo de 2012
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Violación, querida. Querida violación.
No pensaba escribir y esa es la verdad. Pero decidiste asomarte y ya este blog no puede ser igual. Su voluntad de diario quedó violada, ahora no sabe -no sé- cómo hacer, qué decir.
¿Entonces qué?
No lo sé, creo que has de decírmelo tú. Hay cosas, no es difícil de adivinar, que no te hubiese dicho; que costarían más de un interrogatorio, más de un silencio, más de una intimidad compartida.
Estoy muerto de miedo y esa es la verdad. Este blog empezaba a'costumbrarse a su desnudez y ahora ha de vestirse, de alguna manera ha de vestirse. Nunca fué diario pero sí era guardado en un cajón; la luz no sabe -no sé- cómo le sentará.
Tendrás, de nuevo, que decírmelo tú. Hay cosas que te repetiré, cosas que seguirás teniendo que adivinar como bruja que dices ser; los interrogatorios, los silencios, las intimidades compartidas tendrán que hablar de un yo que te toca inventar... no sabes en la que te has metido, equis-dé.
Sesenta y seis
sesenta y siete
fragmentos de mí
y yo sin saber qué decir.
Callo porque tengo nueva voz y no la recozco. Miedo, mucho miedo, palabras nuevas, gramática distinta, ¿quién soy? ¿quiénes somos? ¡Auch! Cuéntame.
¿Entonces qué?
No lo sé, creo que has de decírmelo tú. Hay cosas, no es difícil de adivinar, que no te hubiese dicho; que costarían más de un interrogatorio, más de un silencio, más de una intimidad compartida.
Estoy muerto de miedo y esa es la verdad. Este blog empezaba a'costumbrarse a su desnudez y ahora ha de vestirse, de alguna manera ha de vestirse. Nunca fué diario pero sí era guardado en un cajón; la luz no sabe -no sé- cómo le sentará.
Tendrás, de nuevo, que decírmelo tú. Hay cosas que te repetiré, cosas que seguirás teniendo que adivinar como bruja que dices ser; los interrogatorios, los silencios, las intimidades compartidas tendrán que hablar de un yo que te toca inventar... no sabes en la que te has metido, equis-dé.
Sesenta y seis
sesenta y siete
fragmentos de mí
y yo sin saber qué decir.
Callo porque tengo nueva voz y no la recozco. Miedo, mucho miedo, palabras nuevas, gramática distinta, ¿quién soy? ¿quiénes somos? ¡Auch! Cuéntame.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Material, memoria, III
De Jose Ángel Valente para los demás:
El encuentro fugaz de los amantes
en las furtivas camas del atardecer
y ya el adiós como de antes casi
en las furtivas camas del atardecer
y ya el adiós como de antes casi
de empezar el amor
y el jadeante amor
bebiendo entre tus ingles
el vientre azul de tu primer desnudo,
tus párpados,
y el súbito
pulso roto de un tiempo inmemorial
largando amarras hacia dentro del tiempo.
Tu decías será de noche, amor.
y ya caía
la luz,
mas era igual, como era igual
igual a igual
y ya caía
la luz,
mas era igual, como era igual
igual a igual
y nunca a siempre, jamás a todavía
en la sola estación
solar
de tu mirada.
Con la poesía aprendes sobre la recreación; aprendes o experimentas la re-creación. De lo no dicho, del común asombro ante las cosas de a poquito, un silencio narrado que viste al desnudo y desgarra al más pintado. Cosas que no existen sino en nuestra ficción sólo parcialmente compartida; voces como dichas a medias, más para uno que para los demás, lágrimas orgullosas en su derramar.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Una voluntad ética sin motivos ni por qué.
La ética, la ética la entiendo más como superación personal que como cumplimiento del deber o de lo justo. Y esto probablemente se deba a una desgraciada falta de baremo moral; digo, unos lineamientos absolutos que no varíen o varíen poco sobre qué está bien, qué debo hacer o siendo más radical aún, qué debo desear.
Este masticado discurso tan noble como insípido tiene la malicia, al menos en mi caso, de traducirse a cuestiones mucho menos nobles, mucho más apremiantes y sobre todo decisivos. Veáse la siguiente cuestión: masturbase sí, masturbarse no. Perdonen la obscenidad o mejor, acepten la obscenidad y piensen conmigo. Decidir mantener un ayuno de mis pequeñas muertes -por utilizar un lenguaje estoico que eleve la amenazante vulgaridad del tema- es para mí un acto, una voluntad ética. Ética pero no por justo -¿justo para quién?- ni por correcto sino por sacrificado. Ya sé, rebajar la ética a sacrificio corre el riesgo del absurdo, mantenerse a la pata coja mientra te tapas el ojo izquierdo con la mano libre es sin duda un sacrificio pero dificilmente llega a ser acto ético.
El problema llega después. PUedo comenzar con firme propósito mi abstinencia pero al cabo de los días cuando el ayuno aprieta, la arbitrariedad del ayuno aparece como posibilidad y socava así, sin más, como el manotazo de un bebé, mis aspiraciones tan estoicas, tan éticas. Y llego así a mi inicio, ¿cómo mantener una voluntad sin motivos ni por qué's? Sin la experiencia del desastre, sin la amenazante presencia del Mal ¿se puede ser ético? A veces pienso que me arrojo a los bajos fondos con voluntad suicida por falta de pasión, tanto nobles como las que no lo son tanto. Es más dura la indiferencia que la lucha. Aunque sea difícil de explicar cuando el barro se te pega y empiezan a silbar las balas.
Este masticado discurso tan noble como insípido tiene la malicia, al menos en mi caso, de traducirse a cuestiones mucho menos nobles, mucho más apremiantes y sobre todo decisivos. Veáse la siguiente cuestión: masturbase sí, masturbarse no. Perdonen la obscenidad o mejor, acepten la obscenidad y piensen conmigo. Decidir mantener un ayuno de mis pequeñas muertes -por utilizar un lenguaje estoico que eleve la amenazante vulgaridad del tema- es para mí un acto, una voluntad ética. Ética pero no por justo -¿justo para quién?- ni por correcto sino por sacrificado. Ya sé, rebajar la ética a sacrificio corre el riesgo del absurdo, mantenerse a la pata coja mientra te tapas el ojo izquierdo con la mano libre es sin duda un sacrificio pero dificilmente llega a ser acto ético.
El problema llega después. PUedo comenzar con firme propósito mi abstinencia pero al cabo de los días cuando el ayuno aprieta, la arbitrariedad del ayuno aparece como posibilidad y socava así, sin más, como el manotazo de un bebé, mis aspiraciones tan estoicas, tan éticas. Y llego así a mi inicio, ¿cómo mantener una voluntad sin motivos ni por qué's? Sin la experiencia del desastre, sin la amenazante presencia del Mal ¿se puede ser ético? A veces pienso que me arrojo a los bajos fondos con voluntad suicida por falta de pasión, tanto nobles como las que no lo son tanto. Es más dura la indiferencia que la lucha. Aunque sea difícil de explicar cuando el barro se te pega y empiezan a silbar las balas.
martes, 11 de mayo de 2010
¿?
Creo que falta jugar a filosofar sobre la niebla que se nos mete por las fosas nasales. Pasamos mucho tiempo siendo idiotas y esto hay que aprovecharlo. Describir, reflexionar, conceptualizar la estupidez desde la estupidez. Tontamente, no. Hacer teatro, sacar la sonrisita de los idiotas, chupando vidrio a la sombra de las luces amarillas de farola. En ese tiempo aparte que es la madruguda, donde cuentas aparte (como escribir entre paréntesis). No se trata de superar el atontamiento, se trata de agarrarse a ella, luchando contra la fuerza centrifuga de toda conciencia. Mirarse la punta de la nariz, a algunos les resulta más fácil, a otro más natural. Justamente se trata de mirar al vacío, como sin querer, pero queriendo. Engañar a la lógica, logicamente, es imposible sin escapar de ella. Clavarse cristalitos de cristal, desnudo por la calle, ciego pues tapado por una caja enorme de zapatos. Uno pensaría que la cosa es más fácil, que la contradicción es una señal bien clara de que se acabó, de que no hay más camino. La paradoja es una contradicción real, y lo real tiene estas cosas de no estar hecha para nosotros los listillos que pretendemos dejar de pretender saber por qué todo esto, ¿por qué todo esto? El ciego no es más listo pero tiene más tiempo libre. El sordo no entiende de palabras metafísicas en un mundo sin matices (¿qué matiz tiene una visión?). El ciego no entiende la falta de metafísica, el silencio sobre los matices, el agujerito conceptual sobre lo innecesario. El ocio no es ocioso para el que está con esto de comprender. No hemos elaborado la ética que nos atrapará, todavía. Comprender la necesidad de la ignorancia para poder comprender torna futil todo intento de comprender, pues comprender ha de ser un acto totalitario que lo englobe todo, y esto es un problema, de momento. ¿Podremos comunicarnos (compartir un mismo intercambio de significados) sin semiótica, con música, con miradas, con lágrimas y sonrisas? ¿Y cómo comprobarlo? xD Arctic Monkeys: --) Last night what we talked about made so much sense, but now de haze is descending, it makes no sense anymore. Nana na na ná
También es válido excusarse en la falta de revisión (Pizzarefugio-David).
También es válido excusarse en la falta de revisión (Pizzarefugio-David).
domingo, 16 de agosto de 2009
El mito de la profundidad.
Bueno, pues yo estudio filosofía y ahora quiero escribir una entrada titulada "el mito de la profundidad". Yo caí en él ¿sabeis? Mi voz bajó unas octavas, mi postura se volvió más erguida y apretaba más los ojos en mis conversaciones. También mis manos se volvieron más profundas. Aprendieron a acariciar el aire, a sujetar la barbilla, a agarrar dramaticamente la cabeza, todo fue muy rápido y fácil, me rodeaban grandes profesores. Todo mi cuerpo tenía que amoldarse, ahora era "ESUDIANTE DE FILOSOFÍA".
Todo tenía de pronto un triple sentido, lo difícil se volvió bello y yo soñaba con ser un incomprendido, ya incluso empezaba a fingirlo. No se equivoquen, no es que yo fuera un necio, un figuritas, un payaso intelectual. No, yo mudé mis sueños y convicciones sinceramente. A los 18 años aposté por un mundo que desconocía y en el que por tanto podía creer sincera y totalmente.
Pasaron los años y entendí el bíblico dicho: "El saber añade dolor". Y es que la profundidad es oscura y fría. No es el placer mi razón de ser, pero tampoco lo es el sufrimiento, ustedes perdonen la ignorancia. Algunos temas se me han vuelto tabú. ¿Cobarde dices? Y tú masoca, no te digo... ¿Purificación? Veneno líquido. El culto a la cultura, a la profundidad puede ser no solo vano, sino también gélido y doloroso.
Entonces, ¿qué propones, una desalfabetización, una puricación del vicio del saber? No, supongo que no. Yo no sé cómo deberían ser las cosas. Y si me preguntan qué prefiero la ignorancia o el saber, respondería resignado que el saber (¡pero resignado eh!).
Todo tenía de pronto un triple sentido, lo difícil se volvió bello y yo soñaba con ser un incomprendido, ya incluso empezaba a fingirlo. No se equivoquen, no es que yo fuera un necio, un figuritas, un payaso intelectual. No, yo mudé mis sueños y convicciones sinceramente. A los 18 años aposté por un mundo que desconocía y en el que por tanto podía creer sincera y totalmente.
Pasaron los años y entendí el bíblico dicho: "El saber añade dolor". Y es que la profundidad es oscura y fría. No es el placer mi razón de ser, pero tampoco lo es el sufrimiento, ustedes perdonen la ignorancia. Algunos temas se me han vuelto tabú. ¿Cobarde dices? Y tú masoca, no te digo... ¿Purificación? Veneno líquido. El culto a la cultura, a la profundidad puede ser no solo vano, sino también gélido y doloroso.
Entonces, ¿qué propones, una desalfabetización, una puricación del vicio del saber? No, supongo que no. Yo no sé cómo deberían ser las cosas. Y si me preguntan qué prefiero la ignorancia o el saber, respondería resignado que el saber (¡pero resignado eh!).
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