Todo el sueño es una pesadilla lúdica.
Él, de negro, se difumina entre el humo y su gabardina, a veces, una cara amarilla deja ver ojos naranja fuego que arden pacientes en un oasis de odio. La víctima, desesperadamente triste huye de una muerte que no quiere evitar. Todo es un gran juego: la ansiedad, la violencia y la astucia ingredientes de una magistral persecución del asesino drogado a su trabajo y la víctima, deprimida y triste, miedosa y angustiada.
Entre edificios de ladrillos rojos, parques iluminados por farolas amarillas, canales por la luna, dos personajes luchan, uno por su vida el otro por su sentido. Y sí, hay vencedores y vencidos. La víctima no es más que una cara trágica que aparece y desaparece como un fantasma, agobiado no puede más y a punto está de darse por vencido pero el miedo le gana y le hace seguir corriendo y corriendo hacia el final que le persigue a su espalda. De fondo, como una mosca cojonera, siempre estático e indiferente la persona respetable lee los periódicos en el banco del parque viendo con fingida amargura el caos y el desastre del mundo. Observador impasible, rol vicioso de las personas formales. Mira sin inquietarse la escena representada. Ni una mueca, ni un estremecimiento, solo curiosidad morbosa, traducida luego a dilemas morales.
Finalmente, rendido y atrapado la víctima cede y de rodillas espera la sentencia final, un rifle ultra-moderno con silenciador incorporado da una muerte justa al pobre infeliz. La emoción se traduce en euforia sádica en el asesino, nada hay ya del cadáver que se desangra en el suelo y de fondo, de espaldas a mí, el señor con sombrero y pipa dobla su periódico mientras se levanta con un respiro profundo y melancólico, "a donde hemos llegado...".
No hay obsesión más persistente que ser el orgulloso asesino de aquel buen hombre. No soy capaz de soportar a ese ser impasible ante la tragedia y que sin embargo, se queja lastimosamente de ella. ¿Tendré esa suerte, podré matar mi más odiado personaje? ¿Tendré esa suerte...?
La pregunta le obsesionaba, el sueño también. Ángel estaba harto de si mismo, si algo temía era convertirse en su odiado enemigo. Nada más real que el sufrimiento, nada más irreal que la angustia. Él no podía evitarlo, de alguna forma había nacido así, de otra mucho mas curiosa odiaba su naturaleza. Ese hombre pacífico, triste, quejica y pasivo por naturaleza intentaba ser el villano justiciero, enérgico y optimista; el hombre de acción que nunca podría ser. Pero, ¿y su sueño, era de veras tan irreal como aparentaba? Eso dependía de él, y lo sabía.
martes, 15 de abril de 2008
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2 comentarios:
Creo que esto es lo mejor que has escrito en tu blog.Es real.Trágico y accesible.Y es trágico en el sentido griego.Hay una catarsis...esa persona que se reconoce a sí misma y quiere ser algo que no es.Creo que tenemos dos características,por llamarlas de alguna forma.Somos lo que nuestro ambiente nos hace ser, y somos también lo que nosotros somos por dentro, lo que nadie modela ni construye.Por eso, cuando alguien lucha por ser algo que aparentemente no es,pienso que lo hace porque dentro de sí ya es como quiere ser.Si tienes la idea de cambiar significa que puedes llegar a ser lo que deseas.El problema se presenta cuando tienes que aplicarte en conseguirlo; cuando tienes que luchar y convertir un pensamiento en un hecho. No es lo mismo pensar en matar al hombre de la pipa que llevamos dentro que matarlo de veras...
Gracias, es un bonito cumplido. En teoría debería ser el borrador de parte de una novela corta que quiero escribir. Quizás no sea mala idea ir escribiendo aqui pequeñas escenas o trozos del puzle. Este sería el personaje Ángel el carácter débil de una pareja de amigos que tienen un negocio peculiar.
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