Llorad si quereis pero no digais que no os avisé. Cuando las ventanas lloren y las bombillas se fundan, llorad si quereis pero no digais que no os avisé. Si llega el cartero para avisar de que no hay correo para tí, llorad si quereis pero no digais que no os avisé. Si la alfombra lanuda se retuerce y os hace caer no digais que no os avisé. Y si el sofá te da la espalda, y si la tele se funde y muestra un hombre deprimido, no me digas por favor que me avisaste y déjame llorar. Al anochecer soñaré con un charco enorme, farolas de luz amarilla me deslumbrarán y quizás, quien sabe, lloraré. Y si aparezco en una madrugada cualquiera en una calle adosada en la nada, en el centro de todo, lloradme y no pareis hasta llorarme un charco grande y negro.
Si ya nadie respira encima de tu piel, si todo contacto pide un perdón, perdonad y sucumbid. Y si un sábado noche pensais en el domingo, llorad. Si un domingo os despertais sin querer vivir, llorad, pero no digais que no os avisé. Y si ayer fué tu mejor día, llora y no digas jamás que no te avisé. Si cruzas la calle al verme, si te das vergüenza, llora y dime: "me avisaste". Si anhelas la locura, si escribes sin saber porqué, llora en lágrimas de tinta. Si mueres, si mueres avisa.
Relámpagos, agua, piel vieja y tapizada, muebles de madera, olor a viejo, cuadros sin saber porqué, chimeneas sin encender, soledad y el tic tac de madrugada. Las voces son todas roncas, los ojos inquisitivos, la energía absurda, una mirada piadosa te humilla y el reloj hace tic tac. Cuando no sabes dónde ir, cuándo no hay huída, cuando no te vale agarrarte la cabeza, cuando no tienes fuerza para llorar, cuando tu música deja de ser tuya, cuando no quieres nada, cuando le tienes miedo a la muerte, cuando una guitarra eléctrica toca un blues, cuando un coche rojo se esconde en la niebla, cuando una cuenta atrás llega a su fin, cuando el tic tac es eterno.
Hielo, sol y risas. Brillantina y gafas de sol. Trineos y un oso polar a lo lejos erguido se camufla. Cuando no hay letras ni sonidos que entender, los ojos cerrados, los sentidos abiertos. Te eriza la piel un suave viento, poco a poco te levantas y dejas de respirar, tu chinita a tu lado te saluda muda, siempre muda, siempre desnuda. Cuando tus sueños te sorprenden, cuando te engañan, cuando una chinita se hace ángel, cuando tú te haces diablo, cuando te gustas, cuando sobras tú.
Las estrellas desaparecieron, el cielo se hizo de un blanco nítido, las nubes dejaron de existir o no, nadie lo sabe. El suelo es negro y los ríos rojos, algunos verdes. El bosque se ve en blanco y negro y los volcanes se extinguieron. Las casas ya no tienen tejado, tres meses bastó para ver que ya no salía el sol. Veinte perlas color rubí zumbaban, chirriaban, molestaban mientras dibujaban en el horizonte un rotundo y claro: "hoy no". Despertaste y gritaste. Cumpliste un sueño, realizaste otro. Ciao
viernes, 15 de febrero de 2008
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