miércoles, 13 de febrero de 2008

Negro casi sombrío.

Debería hablaros hoy de la búsqueda de la tristeza. Apasionante.
Hoy me he dedicado a llorar de risa por una joya encontrada ayer en la casa del libro. Comprenderéis que hoy no me resulta fácil serme fiel. Pero haré un esfuerzo.
Me tengo que poner en situación. Lo primero es buscar a Quique en mi ipod, lo segundo buscar "la vida te lleva por caminos raros" y para terminar, pulsar play.
Lo mejor es quizás escuchar la canción y ya está.
La canción empieza así: "la vida te lleva por caminos raros". Y esto puede ser cierto, aunque puede también no serlo ¿verdad Trip? ¿Qué es más raro que ir al aeropuerto sin tener que ir? Pocas cosas, pero ninguna más triste.
Yo sé lo que es buscar la tristeza.
Era domingo, el sol calentaba y la sombra refrescaba. Madrid era Madrid y la gente parecía feliz. Debió de pasar unos días, a lo mejor una semana desde la ruptura.
Ya lo intuía mientra caminaba cabizbajo y resfriado por el puente que me llevaba a Madrid, el sol calentaba y la gente saludaba. Ya intuía que ese día tocaba, solo faltaba encontrar el sitio del crimen y mirarlo desconsolado. Ya intuía que ese sol no podría esta vez con mi tristeza, lo intuí pero decidí seguir.
Del puente se pasa a un cruce que si coges a mano izquierda te guía hasta Príncipe Pío, que si te lo pasas terminas en tierras desconocidas pero si giras hacia la derecha te adentra a Madrid hasta llegar hasta la plaza de los españoles, una vez allí Callao te saluda a lo lejos y te ves tentado de subir y subir y subir, pero no te pases, si llegas a Gran vía para y mira al norte, adéntrate en la calle femenina, estrecha y cara, y sube hasta llegar a Tribunal, cuando llegues, sigue, y si te encuentras en Bilbao es que te falta todavía un rato más. Piensa Jan que Cuatro Caminos hace esfuerzos por mimetizar con ese horrendo lugar, pero tú, aunque te hayas olvidado alguna vez, habitas puertas angelicales.
No me acuerdo de cómo llegué. Me acuerdo del banco y cómo no, de esas palabras eternas.
Allí estaba yo, sentado en el banco, buscando expectativas y maquinando mezquinas venganzas. La herramienta iba a ser un spray negro, el banco la víctima y yo el agresor. Pero me calmé y seguí andando. Reconstruí el camino de vuelta: pasé por las barandillas entonces empapadas, por las bocas de metro fieramente indeferentes, incluso rodeé el lugar del último beso, a dos palmos del metro Maudes, líder indiscutible de la conspiración. Pero no paré ahí, entré desafiando mis miedos más atroces y no me decidí a salir de la gris linea 6 hasta que no vi señales angelicales, vuelta a casa y a dormir. Busqué la tristeza, la mastiqué y peor aún, me acostumbré.
Mi respuesta es "sí", buscamos la tristeza de vez en cuando, pero no sé muy bien porqué. Ahora estoy algo triste, pero esta vez no me apetece acostumbrarme, no pregunteis porqué. Ciao.

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