martes, 11 de mayo de 2010

¿?

Creo que falta jugar a filosofar sobre la niebla que se nos mete por las fosas nasales. Pasamos mucho tiempo siendo idiotas y esto hay que aprovecharlo. Describir, reflexionar, conceptualizar la estupidez desde la estupidez. Tontamente, no. Hacer teatro, sacar la sonrisita de los idiotas, chupando vidrio a la sombra de las luces amarillas de farola. En ese tiempo aparte que es la madruguda, donde cuentas aparte (como escribir entre paréntesis). No se trata de superar el atontamiento, se trata de agarrarse a ella, luchando contra la fuerza centrifuga de toda conciencia. Mirarse la punta de la nariz, a algunos les resulta más fácil, a otro más natural. Justamente se trata de mirar al vacío, como sin querer, pero queriendo. Engañar a la lógica, logicamente, es imposible sin escapar de ella. Clavarse cristalitos de cristal, desnudo por la calle, ciego pues tapado por una caja enorme de zapatos. Uno pensaría que la cosa es más fácil, que la contradicción es una señal bien clara de que se acabó, de que no hay más camino. La paradoja es una contradicción real, y lo real tiene estas cosas de no estar hecha para nosotros los listillos que pretendemos dejar de pretender saber por qué todo esto, ¿por qué todo esto? El ciego no es más listo pero tiene más tiempo libre. El sordo no entiende de palabras metafísicas en un mundo sin matices (¿qué matiz tiene una visión?). El ciego no entiende la falta de metafísica, el silencio sobre los matices, el agujerito conceptual sobre lo innecesario. El ocio no es ocioso para el que está con esto de comprender. No hemos elaborado la ética que nos atrapará, todavía. Comprender la necesidad de la ignorancia para poder comprender torna futil todo intento de comprender, pues comprender ha de ser un acto totalitario que lo englobe todo, y esto es un problema, de momento. ¿Podremos comunicarnos (compartir un mismo intercambio de significados) sin semiótica, con música, con miradas, con lágrimas y sonrisas? ¿Y cómo comprobarlo? xD Arctic Monkeys: --) Last night what we talked about made so much sense, but now de haze is descending, it makes no sense anymore. Nana na na ná
También es válido excusarse en la falta de revisión (Pizzarefugio-David).

domingo, 16 de agosto de 2009

El mito de la profundidad.

Bueno, pues yo estudio filosofía y ahora quiero escribir una entrada titulada "el mito de la profundidad". Yo caí en él ¿sabeis? Mi voz bajó unas octavas, mi postura se volvió más erguida y apretaba más los ojos en mis conversaciones. También mis manos se volvieron más profundas. Aprendieron a acariciar el aire, a sujetar la barbilla, a agarrar dramaticamente la cabeza, todo fue muy rápido y fácil, me rodeaban grandes profesores. Todo mi cuerpo tenía que amoldarse, ahora era "ESUDIANTE DE FILOSOFÍA".
Todo tenía de pronto un triple sentido, lo difícil se volvió bello y yo soñaba con ser un incomprendido, ya incluso empezaba a fingirlo. No se equivoquen, no es que yo fuera un necio, un figuritas, un payaso intelectual. No, yo mudé mis sueños y convicciones sinceramente. A los 18 años aposté por un mundo que desconocía y en el que por tanto podía creer sincera y totalmente.
Pasaron los años y entendí el bíblico dicho: "El saber añade dolor". Y es que la profundidad es oscura y fría. No es el placer mi razón de ser, pero tampoco lo es el sufrimiento, ustedes perdonen la ignorancia. Algunos temas se me han vuelto tabú. ¿Cobarde dices? Y tú masoca, no te digo... ¿Purificación? Veneno líquido. El culto a la cultura, a la profundidad puede ser no solo vano, sino también gélido y doloroso.
Entonces, ¿qué propones, una desalfabetización, una puricación del vicio del saber? No, supongo que no. Yo no sé cómo deberían ser las cosas. Y si me preguntan qué prefiero la ignorancia o el saber, respondería resignado que el saber (¡pero resignado eh!).

lunes, 27 de abril de 2009

Y nada más.

Este es mi maravilloso espacio. ¡Ey, Joe, no acabo de escuchar el ritmo! Calla viejo y dale, dale a esa guitarra... Raymond, tu me comprendes ¿no? Tu comprendes como yo te comprendería a tí. No digas nada, lo sé. ¿Escuchais esa trompeta? Ese vaivén hipnótico, esa cadencia de cuna. Venga hombre, ¿no lo escuchais? Dice, beng, dice, dice... beng, luego... beng. A veces se cuela y se vuelve melódica, demasiado melódica, se vuelve chicle masticado.
Incomparable el sonido de los dibujos animados de Tom y Jerry, de los aristogatos, de un parís de ocklahoma. Un piano que parece un bajo, y trompetas solistas que hacen de guitarras eléctricas. Un sonido de comunidad, de pie autónomo, aquí no hay nada rompedor, no es la cultura de la estrella bajo los focos, this is the scene of the black soul family. Baja el ritmo, se habla, se vive un ratico de rentas... como disfrutando del regusto de un fuerte licor y luego, luego ¡wham! trompetas y bajos, trompetas y bajos.
Una voz hecha de carácter, de gritos proferidos. Calma ahora cuando canta, y grita al cielo en un eeyyyey... Diálogo de una guitarra eléctrica nada chillona, unas trompetas y un órgano. Sonido de trompeta mantenido, que flota en el ambiente y acaba por subir y adecuarse a la melodía del cantante. El hombre canta de desahucios, de emigrar, todo en un bar con luz amarilla pero tenue, nublada de un humo de puro caro, propiedad del rico gordo sentado al fondo.
Un banjo sigue, como si de un eco se tratase, lo cantado por el hombre negro de voz rota. Hombre que parece estar demasiado pegado a cámara, como si en el plano de cámara se le viese solo una camisa sucia. Se intuye que un barba grisácea y ruda deja cantar a una boca seca y agrietado encima de cámara, o delante, o como querais.
Ahora, ¿ahora qué? ahora el blues clásico. Armónica y voz negra y llena. No canta a menudo, prefiere dialogar con el vacío de la noche que a veces responde en boca de algunos entusiastas del público que con voz aburrida responden ¿y qué te pasó? Ahora deja paso al señor Hopkins ¿what you gonna do about it mister Hopkins? bla, bla.. blabla, narra that woman, por las turbulencias de la armónica y una guitarra quizás algo más aguda de lo habitual algo malo pasó, pero da igual. Sigue el negro,gambling man y parece frenar en un diálogo, los instrumentos responden, frenan y asumen que ya no habrá voz por mucho más tiempo, son sus últimos acordes y los disfrutan, agonizan en un espectáculo que se sabe finito. Falsa alarma, todo sigue son I dont win much money but son I think ill buy you a bottle of wine... jeje mgrjum woman as nice you could be... take it somebody, armónico took it, "¡every body!" every body no estaba y siguió armónica hasta una sombría muerte celebrada con un whuoooou.
Y nada más.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Cadáver exquisito 1

Ender era un genio, mucho más inteligente que cualquier niño superdotado. Los militares de la Escuela de Batalla ya lo sabían y por eso le habían mandado la carta de entrada a la escuela.
Era la única persona capaz de acabar con los insectores.
Ahora él tenía que elgir: salvar este planeta o continuar con su tediosa vida. (Final de la primera parte y autora facilmente reconocible).
Y valiente él, teniendo como tenía a su alcance la opción de salvar este planeta, eligió cantinuar su tediosa vida. ¿Acaso era un aspirante a mártir que quería pasar a la posteridad -esa posteridada la que sólo puede acceder Dios, porque aparte de Dios al pobre nadie le conocerá- por renegar de un destino glorioso? No, es que era un hijoputa y quería ver el mundo perecer, quería asistir al fin de todo lo que existe... pero antes de ello, dado que el fin no estaba en sus manos, aburrirse. Porque otra cosa no estaba en sus manos. Así que no salía nunca de su cama.
(Final de la segunda parte).
Vió que por la ventana volvían a pasar helicópteros con sus luces y su ruído. El suelo estaba muy sucio, alfombrado por pelusas según sus palabras, pero daba igual, abajo, debajo de la cama podría encontrar la oscuridad que necesitaba. Los ojos sudaban, me gustaría decir sangre, pero desgraciadamene la fidelidad a los hechos me lo impide, sudaba, destilaba mejor, ese líquido inmundo que a nadie gusta. Con los ojos enrojecidos por el sudor y su espalda acolchada por la suciedad oyó a su vecino, bajito pero audible: "Lo hemos encontrado, toca huir".
(Final de la tercera parte).
Salieron rápidamente cargándolo y se montaron n el Deloreau, pero no les quedaba combustible para un salta en el tiempo, así que siguieron rumbo norte por la carretera de Worcester, como la salsa.
-¿Te gusta la salsa Worcester? -preguntó ella.
(Final de la cuarta parte).
-En determinados momentos, en determinadas situaciones.
Mientras se untaba los labios de la salsa color marrón diarrea susurró:
-¿Qué necesito hacer para que te guste cariño?
A cuatro patas y o con los pantolones en los tobillos me parecía que estaba consiguiendo crear la situación requerida.
-Sigue con lo tuo que intuyo que me convencerás.
Con mi varita máginca chorreando salsa Worcester, color marrón diarrea... decidí dejar de pensar.
(Final de la quinta parte).
Me guardé la varita mágica en el sobaco -no me pregunten cómo coño lo hice- y partí raudo veloz hacia Worcester a indagar sobre el curioso caso de la salsa homónima y mi varita mágica - tan mágica que podía guardármelo en el sobaco-. Cuando llevaba rescientas cinco jornadas en dirección sur, haciendo caso omiso a la enloquecida y esquizocósmca estrella polar, descubrió que no tenía mapa, y que habiendo llegado al polo sur y habiendolo sobrepasado hallábase ya en las cercanía del polo norte.
(Final de la sexta parte).
Nuestro viajero, cansado de dar vueltas al globo decidió pararse a medio camino, en un país hasta entonces desconocido por él: Bilbao.
Poco más sabemos de él salvo que allí se quedó el resto de su vida, cortando troncos y bebiendo mosto.
(Final de la séptima parte).

domingo, 25 de enero de 2009

Aprender a desaprender

Nada es más incomprensible que el no comprender. ¿Cómo explicar esto de forma "comprensible" (y dale con la palabrita)? Uno puede llegar a comprender lo que no entiende, y esto porque de alguna manera ya sabe lo que es, solo que no se había dado cuenta o porque no sabía que "esa cosa de ahí" tenía ese nombre en concreto. Por eso cuando alguien logra explicar algo de verdad se escucha un "ahhh" generalizado, que no es un: "Ah, eso es nuevo", sino que es un: "¡ah, claro!". Sin embargo comprender la incomprensión es mucho más difícil, se trata ni más ni menos que pasar de ese ¡ah, claro! a un: sí, lo comprendo, más o menos... un, "hay algo que no cuadra... pero no sé lo que es". Uno simplemente es incapaz de explicar 2+2 son 4. Cuando alguien no comprende algo tan fácil y evidente, ese alguien se vuelve un enigma, un enigma problemático. ¿Por qué 2+2 son 4? Si existe algo así como una pregunta errónea esa cumpliría el perfil. Te dices: bueno, ehm... ¡Mira, ¿ves estos dos dedos? Pues si los juntas con estos otros dos dedos, cuento cuatro dedos ¿lo ves? Y el niño podría decir: No, no lo veo, o puede decir: Ah, claro... Pero en todo caso, ¿le has explicado por qué dos y dos son cuatro? En todo caso se lo has mostrado, no se puede enseñar algo que nunca aprendiste, algo que de alguna forma ya sabías. Lo matemático no es más que apropiarse de algo que ya se sabe. Ahora imaginaos que teneis que poneros en la piel de ese niño que no entiende, que no ve que dos y dos son cuatro. ¿Cómo lo haríais? Pasar de comprender algo a no comprenderlo, es lo primero que debería aprender todo profesor de escuela. Se trata de desaprender lo evidente, lo ya sabido, lo fácil, para volver a aprenderlo de nuevo. Y esto no como un recordar, no vale ir con mapa, antorcha y una unidad aérea que te indiquen el camino, tienes que renunciar a tu saber para saber enseñar. Dicen que se empieza a filosofar justamente cuando se desaprende la evidencia. La imágen del filósofo como ser confundido y soñador es correcta, su interpretación no lo suele ser. Si el filósofo está confundido es por valentía y todo profesor debe ser en alguna medida filósofo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Mal de mi escuela

Vuelta a la escuela.
Los pasillos, las escaleras, las aulas, el inmenso patio, todo estaba vacío, hueco. Todo se había hecho miniatura, ahí andábamos los dos con la cabeza gacha mirando dónde pisábamos, como gigantes patosos en una casa de muñecas. Los amigos y compañeros habían mutado en niños y adolescentes, los profesores pasaron de referentes a condenados de la rutina. La escuela entera helaba, el blanco y el mármol confabulaban contra la familiaridad, contra la calidez que esperaba encontrar y no encontré. La escuela entera estaba infectada de pureza, aquello olía a hospital a desinfectante, aire viciado y esterilizador. Los planos de mi conciencia se hicieron añicos, ¿dónde estaban las voces, el griterío, las risas, las persecuciones por los pasillos, el repentino silencio cuando se acercaba algún profesor? ¿Dónde estaba la pillería, la vida?
Veías los profesores repitiendo su rutina con diligencia, cada uno con sus planes fuera de la escuela. El teatro, la tesis doctoral, la jubilación, la literatura, el escribir, la familia… sus vidas estaban fuera de esas aulas, de esos antros de rutina. Aquellas aulas en las que pasaban las horas, todas sus horas, no eran su porqué, su motivación o su inspiración, aquellas aulas eran su lugar de trabajo, su lugar de laborar, su paso intermedio ineludible, ahí laboraban esperando que pasasen las horas y poder escapar, liberarse del tortuoso trabajo y ser libres para ser quienes querían ser. Hospital o burocracia, lo que queráis, las dos imágenes me valen, ¿quién va con gusto?
Ahí se nos recordaba como una especie de generación límite, éramos la generación mensajera del cataclismo, todavía éramos inocentes y rescatables. ¡Nosotros! Límite…
No nos engañemos, todos somos límites para quienes protestan contra la decadencia que les ha tocado vivir. “Hoy en día no tienen base” ¿qué significa sino: “nosotros sí que teníamos base”? Hoy en día no, y ¿quiénes sí? Los apesadumbrados profesores, que pobrecitos ellos tienen que lidiar con los frutos de la ignorancia y futilidad del hoy.
¿Qué le diría hoy un antiguo alumno reencarnado en alumno de pleno derecho? Quizás algo así como:
Disculpe profesor, podría usted hacerme el favor de dejar de quejarse de nuestra ignorancia, incompetencia y falta de interés e inculcarnos esa hambre de saber, implánteme el gusanillo de la curiosidad, métame en ese mundo inabarcable y maravilloso y deje de quejarse de nuestro legado del que en todo caso somos víctimas pasivas. Y por cierto, ¿se da cuenta que al quejarse de nuestra “falta de base” se está curando en salud, que le está pasando el muerto a otro? Piénselo, quizás eso de ser profesor sea justamente educar, enseñar, formar esa base… por favor, enseñe enseñando y deje de quejarse”.