jueves, 19 de junio de 2008

Una gota.

Una gota grande, azul, más pesada de lo habitual. Una gota con forma de gota, una gota fría, fría y grande, grande para ser una gota. No rompía esa gota en gotas más pequeñas, en gotitas, esa gota se dejaba traspasar pero nunca romper. La piel se congelaba, asustaba y estremecía al contacto con esa gota. Esa gota no dolía, una gota no puede doler, era mucho peor, era... al menos ahora puedo decir, era. Estratégicamente dentro de la pared, se acurrucaba entre las paredes de mi corazón, yo eso lo notaba, un frío helaba y atormentaba mi existir. Esa gota era mi demonio personal, no lo podía romper, no lo puedo romper. Entre las paredes de mi corazón creo que se encuentra, y digo creo porque ahora no lo noto, ahora y de momento solo ahora, pertenece a la memoria. Unos amiguitos deben estar empujando con guantes de seda, con mucho tacto por no ser engullido, alejando esa triste gota de las paredes de mi corazón. Sigue allí, o eso creo, pero no toca mi ser, porque ni que decir tiene que el corazón soy yo, y solo yo mantengo y alimento sin querer a esa gota indestructible, en apariencia frágil, en apariencia indiferente, pero esa gota a mí, me congeló el corazón.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Sinceramente, yo creo que esa gota se asemeja, más que nada, a un cubito (de hielo) conceptual, o por mejor expresarlo, a un cubito conceptuoso.

Anónimo dijo...

Yo tengo guantes, y los uso... espero estar colaborando con la evacuación de la gota.

Anónimo dijo...

Y si no es así, buscaremos la manera de que se evapore. Todos.