martes, 13 de mayo de 2008

Mereces una explicación.

La entrada anterior pide una explicación, yo intentaré dársela. Tu nombre no aparece, tú sin embargo... presides.
Esta vez intentaré no ser tan cansinamente difícil, tan metafórico, y enrevesado.
Me va costar, pero creo que es necesario.
Me paso los días preguntándome qué merece la pena, qué quiero, qué tengo que hacer. Dejando aparte las posibles respuestas tengo claro que tú Sara eres una de las personas que merecen la pena, a las que quiero y sé que a tu lado no pierdo el tiempo, a tu lado estoy cuando necesito recordarme qué es importante.
Aunque lo parezca, esta entrada no quiere ser un ensayo de agradecimiento, por mucho que te lo merezcas esto de aquí, mi blog, es mío y jamás tendrá usos ni fines ajenos más que ser mi espacio, reconocerme en él y consolarme con él.
No hay principio más ambicioso para un ensayo que empezar con una pregunta vital y elemental, "¿por qué escribo?" "¿qué quiero escribir?" son perfectos ejemplos. Mi intención era estética a la par que terepeútica. Mi escribir no resume mi vivir, ni siquiera la interpreta, es una existencia paralela que quiere reflejarme, divertirme y acogerme. Escribo sobre mis miedos, sobre mis experiencias, sobre mis sueños y sobre las personas que si no mías, sienten como tales.
Esta entrada empieza al final de tu comentario. No es respuesta, al menos no quiere serlo, creo que fuí tan confuso que el contenido se escondió demasiado tras la forma.
Mis sueños recorrían mi cabecita a la misma velocidad que mi memoria, a la misma que mis miedos y el resultado fue una entrada barroca que no deja de ser confesión pero esta vez confesión cifrada. Se entiende sin explicaciones las dificultades de un diario público, el decirlo sin embargo parece esconder un mundo que no me atrevo a enseñar y no es así. Como la muñeca, mi blog ha acaparado demasiada importancia como para traicionarla así, y no juego a las metáforas: traición por falta de sinceridad, importancia porque la tiene. ¿Pero te censuraste? me podrás preguntar y yo lo único que puedo contestarte, como tú ya dijiste es: "no lo sé, sinceramente no lo sé".
Y es cierto: estoy donde quise estar, estoy donde quiero estar, pero mi querer tiene aviones que coger, trenes que alcanzar y coches a los que abordar desde el arcén de alguna carreterra para seguir siendo mi querer. Y eso, vicio o virtud, lo compartimos. ¿O no fué el tema, entre otros, aquel sábado por la noche?
¿Fué una simple licencia literaria el estar asustado de los espejos? Metafórico es, los espejos me dan miedo porque me paralizan. Un espejo ya esté en frente mía, ya esté reflejando cualquier otro sitio me fascina, tengo un cierto tic matemático que es trazar lineas rectas que rebotan en superficies para al fina alcanzar algún punto elegido de antemano por mí, un poco como el billar a bandas.
Sara, yo soy más inseguro de lo que muchos intuyen, quiero vivir intensamente pero por alguna razón vivo un tanto agobiado porque quizás no lo esté haciendo. Y de nuevo las dudas: ¿parálisis reconfortante, o viajero asustado?
Una persona cerebral que no hace más que criticar cerebralmente los inconvenientes de los productos cerebrales acaba desquiciada, y eso me pasa a mí.
Todo está dicho de alguna forma en el final que antecede el epílogo de la última entrada. Y el epílogo está mal relatado, me explico: cuando dije que esta iba a ser la última línea quise señalar un fenómeno de la escritura que no se produce en las conversaciones habladas, y es que sabes cuándo viene el final. Ni mas ni menos que eso. Confieso que si yo fuese un lector descomprometido de mi blog acabaría por dejarlo, o al menos dosificando mis incursiones. Estos días más que ninguno me doy cuenta de que mi adolescencia no ha acabado. Otro día criticaré a todos aquellos que se ríen de los adolescentes asentados en su trono de adultos. Savater me ayudó a comprender lo que escribiré, de momento (como me encanta utilizar "de momento" de conjunción final) testimoniaré su última clase mañana. Ciao. (Desdramatizadme y triunfareis)

1 comentario:

Anónimo dijo...

No lo merecía,y no lo necesitaba.No necesitaba tampoco que creyeras que me debías ninguna explicación.Sólo quiero saber lo que tú quieras contarme.Y que sepas, con mi retórico "tú tampoco puedes",que quizás no es tan malo no saberlo todo.He estado muy agobiada pensando que estaba aquí estancada...que debía ser nómada incansable.Pero últimamente sospecho que quizás las personas nos ayuden más a vivir intensamente que una ciudad vacía llena de gente.Formas de verlo,supongo,yo también necesito volar y lo sabes.
Pero mientras nos decidimos,¿querrás,por favor, seguir apareciendo sin avisar y compartiendo noches de sueños?Por muy inseguro que te sientas...