Esta es la mañana de domingo más soleada que recuerdo. Debió de aparecer cuando me dormía al amanecer, confundido y aturdido por la noche. Tres tragos de una cerveza agria no son causas suficientes para explicar ese estado, una profunda e interesantísima conversación con David, sí. Pero en cuestiones humanas es difícil, espero que también imposible, diseccionar la vida, o mejor, los comportamientos en relaciones causa/efecto. ¿Por qué digo esto? Porque no sé bien si fue el volver a disfrutar de la conversación de David o la noticia más predecible para mi inconsciente la causa efectiva de mi... de mí aturdimiento supongo.
La noticia más predecible por mi inconsciente era y es, creo, la vuelta de Alejandro y Laura a un vínculo afectivo que convencionalmente se llama "están liados" o algo por el estilo, perdonad la imprecisión, todavía me dura la confusión.
No ayuda salir de "fiesta" con el grupo más numeroso de mi vida, éramos trece creo, y sí, es el grupo más numeroso, y sin embargo sentirse ajeno, aislado, como viviendo en un mundo paralelo. David me acompañaba, de hecho me acompañaba desde las cinco de la tarde, con él vi dos películas de Woddy Allen (creo que se escribe así "woddy"), cenamos en el telepizza, nos reimos de su olvido de llaves y caminamos muchos, muchísimos kilómetros.
No es país para viejos, quizás. No es país para existencialistas angustiados, seguro. Sí lo es para todos aquellos que gustan de imitar escenas de Woddy (perdonad si no se escribe así) en el cual se discute acaloradamente sobre "cultura". Para mí no es más que un escenario más para librar pequeñas batallas entre egos, liberar líbido y además, por si fuera poco... te da una motivación de ver esas películas que jamás verías si no estuviese en un posible guión de estas absurdas tertulias. Kubrick, Bethoveen, Woddy (¿se escribe así?) etc. aparecían y desaparecían de la conversación como si se trataran de vecinos o familiares cercanos.
Teníamos derecho de exiliarnos ¿no? Yo creo que sí. Hablar con David jamás te dejará indiferente, cada palabra es sincera, hay entre nosotros esa confianza fraternal, absolutamente genial en la que los silencios dejan de ser incómodos, confianza solo alcanzable por la honestidad. Gracias a esa honestidad escuchar a once (más bien son seis o siete pero se entiende la idea...) ansiosos "amigos" que pretenden impresionar -y a veces lo consiguen, incluso a David y a mí, me guardaré las razones de esa impresión, pero impresionan- gracias a esa honestidad decía, las batallitas resultan ridículas.
Me examino este domingo preguntándome si me siento mal o no. Escribo más despacio, escucho al Quique tranquilo de Salitre, y me siento cómodo, y me siento viejo. No es algo malo sentirse viejo un domingo, yo diría que es algo normal, más o menos, al menos. Si pienso en los momentos que estuve con Laura, los felices se entiende, sí lo paso mal. No es que me sienta engañado, simplemente ha vuelto ha vencer un personaje de Woddy (se escribe así, creo...) sobre un personaje humilde, normal, limpio diría incluso. Si pienso en todo lo que ha pasado como si fuese una sola imágen panorámica, lo entiendo todo tan bien, que me sobra la emoción, algo que no tiene misterio no emociona y esto es sin duda una lección importante para mí.
Gracias a pasarlo mal he madurado, me atrevo incluso a afirmarlo, suena paradójico, pero creo ahora que el hecho de afirmar que he madurado, siendo yo (con mi miedo al tiempo y al abandono de la inocencia) es la prueba definitiva de su veracidad y consumación.
Dudo que haya escrito así alguna vez en mi vida. Las palabras surgen, despacio, sin prisa, y así se ha de leer, con tiempo, en un domingo soleado encerrado en un cuarto sin luz, cegado por la pantalla. Con una melancolía madurada. Y hay que reirse de la frase, melancolía madurada. He cambiado mucho.
También he ido a Amsterdam, y allí aprendí mucho también, lo pasé a lo grande, cambié de vida pero sigo sin poder zambullirme en el desenfreno si no es ayudado por el alcohol, triste pero cierto. Como tantas cosas...
Cumplo 10 días aproximadamente del inicio de este viaje. El lunes o quizás ya hoy clausuro el desenfreno e inauguro la monotonía, si puedo al menos. ¿Qué me gusta a mí? No es el discutir sobre lo que me gusta, eso lo tengo superado. Tampoco espero que sea discutir sobre lo que no me gusta, o el porqué de que no me guste. Se trata en el fondo de una necesidad de ego, de autoconfirmación, me siento desigual a los demás (y no incluyo en los demás a David) no simplemente desigual, me siento auténtico, valiente y digno, a sabiendas de que mi vida no es por ello más feliz, ni más moral, es simplemente más dura y más auténtica también. Por explicarlo con una imagen, que siempre ayuda, me siento como el hombre que elije el exilio con mirada condescendiente a todos los que se quedan allí y miran con pena, él sabe "verdades" que no hacen ningún bien a nadie, y menos a quién no puede sufrirlo, pero esas verdades no dejan de ser lo que son y legitiman de alguna forma toda una tragedia. No es una simple justificación seudo-filosófica de un montón de neuras y traumas, ojalá.
Renuncio poco a poco a sentirme como me sentí, a reencontrarme con la nostalgia, afronto la verdad en un acto de valentía que requiere la desmitificación de muchos ideales y sobre todo la renuncia a la inocencia. ¿Se puede ser consciente de ser feliz? De alguna forma me siento fragil, de otra me siento sabio. He renunciado, junto a muchas cosas más, como habreis visto, a la humildad. Me siento sabio y lo digo, pero nadie dijo nunca que el sabio tenía que ser feliz, o en otras palabras, yo no soy griego. Ciao.
domingo, 2 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario