- Pero si son las doce y cinco de la noche ¿qué me estás contando?
- ¿No te das cuenta de que ayer ha sido el mejor día de todos tus días?
- ¿Y tú quién eres para decidir eso?
- ¿No lo sabes todavía? Es difícil acostumbrarse, pero yo no existo.
- Mejor, no me estabas cayendo nada bien.
El silencio entró en escena, pero esta vez no resultaba tan preocupante. Ramón le dió la espalda, ignoró al silencio y siguió fumando.
- Oye, ¿has cenado?
El cuello giró lo justo para que el ojo derecho pudiese comprobar que allí no había nadie, él lo sabía pero simulaba inspeccionar de arriba abajo un cuerpo indiferente para luego hacer desaparecer su mirada en una nube de humo que lo escondía y lo abrigaba.
- Ayer soñé que no me despertaba, fué el mejor sueño de mi vida. Y hoy me has despertado... me merezco una disculpa ¿no?
El suelo estaba sucio y el mármol frío, el árbol no se veía y la niebla se confundía con el humo. Volvió el silencio acompañado de fantasmas.
- Verás... me da miedo de que la muerte no sea lo mismo que el sueño. Me falta una bota, ¿me la has quitado tú?
Volvió a mirar hacia atrás, un lobo negro enfundado en Ramón miraba paciente esperando una respuesta. Retiró la mirada que se dejó posar sobre el mármol que helaba sus vaqueros raídos.
- Hace frío. ¿Nos vamos a casa?
- Nadie te va responder, tu día se acabó, ahora cumple tu parte del trato.
- !No sin mis botas!
- La bota se ha caído y yo no quiero caer sin mis botas, quiero tener sueño.
- Me voy, que estoy harto de estar despierto.
Las azoteas son sitios muy raros, le gustaban a Ramón. Eras sitios oscuros, sin luz, rodeada por un abismo... allí no ocurría nada, salvo el paso de distraídos antenistas y aburridos suicidas.
- Quiero morir dormido, así seguiré soñando siempre.
- Sabes que no es verdad, sabes que el sueño no es la muerte.
- Ves... por gente como tú me suicido. Hala, me voy.
Una cajita tenía veinte píldoras, ayer se había tomado tres, haciendo números... hacían un total de diecisiete píldoras. Todas entraron, Ramón se tumbó y se concentró en no caer antes de tiempo, ni quedarse dormido sin tirarse.
No lo consiguió, murió en la azotea por sobredosis... y sin su bota. Un final triste para un hombre triste.
domingo, 3 de febrero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario